La mirada del golpe

Major Trapero: «Els mossos estàven preparats per detenir el president Puigdemont i als Consellers...» Por primera vez se percibe un auténtico resquebrajamiento de la trama del prusés y la unidad de sus protagonistas

:: JOSEMARI ALEMAN AMUNDARAIN /
:: JOSEMARI ALEMAN AMUNDARAIN
JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Se apagan unas luces y se encienden otras. El juicio del Tribunal Supremo a los encausados del prusés sigue su marcha rítmica, rigurosa y sistemática. A lo largo de toda la trama, que ha durado años -y sigue-, hemos visto mucho y no cabe duda de que han sido también muchos los detalles o los matices que se nos han distinguido por ser aún más chocantes que el resto. Tras haber declarado cada día que la 'democracia' está por encima de las leyes democráticas, de los procedimientos o de la mismísima Constitución, algo verdaderamente febril, insostenible e ininteligible, es muy curioso ver cómo se aferran a lo que pueden para negar las infracciones exhibidas a bombo y platillo. Con sus extraños argumentos, cumplir el 'mandato' del Parlament por encima de toda legalidad o dar vía libre a un inexistente y deformado 'derecho de autodeterminación', llega la hora de la defensa y niegan haber declarado la república catalana -la DUI-. Lo sorprendente es que sí recuerdan la posterior suspensión expresa de aquella declaración. Todo es algo así como un «yo allí no estuve nunca ni pienso volver...».

Con sus leyes de transitoriedad y su alardeado desafío choca oírles decir que no dieron un golpe de estado, que no cometieron rebelión, ni sedición, ni desobediencia ni malversación. ¿Qué sería aquello entonces? Que no, que era política... Es cierto que en los grandes espectáculos, a veces, al espectador lo marean de tal modo que parece como si alguien deseara que no entienda nada. Y es que en este caso los hechos, que tan claros se ven, van por un lado y las explicaciones por otro.

Cuesta no repetir aquello de que la justicia es lenta y parsimoniosa, garantista y de complejos procedimientos, pero imparable y contundente. Es más, llega siempre.

Con la retransmisión en directo del juicio cada día, con la admirable, certera y equitativa presidencia y dirección del Magistrado Marchena y con la transparente aplicación de nuestras leyes procesales, las evidencias hablan solas. Las incesantes campañas infamantes acerca de España, su justicia, sus instituciones, su respeto por los derechos humanos, etc. quedan retratadas de una forma inequívoca. Las mentiras fáciles son una trampa en la que han caído hasta algunos muy ilustres abogados de la defensa, pero ante el rigor y la claridad con que conduce el juicio el presidente Marchena, han sido y son desactivadas cada jornada de una manera natural, lógica y consecuentemente clara.

Las testificales se suceden y se van desgranando las actuaciones y sus responsables y atenuando o resolviendo muchos de los interrogantes de este proceso tan complejo sin poderse descartar muchas sorpresas. Concretamente, el mayor Trapero es uno de los testigos cuya declaración ha resultado más llamativa e inesperada. En ella, más allá de otras muchas consideraciones, se ha percibido casi por primera vez un auténtico resquebrajamiento de la trama del prusés y la unidad de sus protagonistas. Las constantes llamadas a la irresponsabilidad por parte de Trapero a su jefe Forn y alguna otra insinuación en este sentido, aplicable a algunos otros de sus más altos superiores, meten una presión hasta ahora desconocida. Parece como si el exresponsable del cuerpo de los Mossos D´Esquadra haya querido dejar a salvo de la comisión de arbitrariedad alguna a este cuerpo policial e incluso a cada uno de sus integrantes individualmente. Más allá de no creerle o hacerlo parcialmente, Trapero se ha mostrado expresamente no sólo respetuoso con la ley sino partidario de su cumplimiento. Ello no debiera movernos a estupefacción alguna si no fuera por tanto como se ha escrito y dicho por parte de esta retahíla de protagonistas de la secesión, la independencia y el golpe. Finalmente, hay un claro divorcio entre las declaraciones públicas de los golpistas más destacados y las aseveraciones de su defensa. A estas alturas parece más que aventurado esperar la asunción de responsabilidades por parte de ninguno de aquellos que tantas veces se han manifestado con resolución y cierta soberbia en el impulso y toma de decisiones en pos de la república independiente. Nadie sabe nada de las urnas, ni cómo ni quien las compró ni de dónde salieron. Es el síntoma, nadie hizo lo que pasó, los golpistas no estuvieron allí ni volverían a hacerlo...