Migraciones escandalosas

Desde que el mundo es mundo, los seres humanos se desplazan de la misma forma que se hace en estos momentos. El racismo no es algo nuevo, aunque resurge de vez en cuando

Migraciones escandalosas
José Ibarrola
MERCÉ RIVAS

Desde que el ser humano existe, las migraciones han estado presentes. Hablamos de miles de años y todavía ahora hay quien se escandaliza. «Las poblaciones más antiguas son africanas, migrando al Cercano Oriente hace 100.000 años, de donde derivan primero las poblaciones occidentales y posteriormente las demás poblaciones de Oceanía, Asia Oriental y América», según informes de expertos. Pero en realidad es casi indiferente cuándo empezaron, ya que se trata de una tendencia natural del ser humano buscando siempre una vida más digna y mejor.

«El racismo es un antiguo flagelo de la humanidad». Esta frase la pronunció el genetista italiano Luigi Cavalli-Sforza, catedrático de la Universidad de Stanford, junto a su compañera Mary-Claire King, genetista estadounidense, delante de un comité del Senado americano el 17 de febrero de 1993. Fueron capaces por primera vez de corroborar desde el punto de vista genético la teoría paleontológica del 'Out of Africa': el ADN confirmaba que los primeros homínidas dejaron el continente africano hace 100.000 años para colonizar el resto del planeta. Para reconstruir el pasado era necesario acudir a la genética.

Pero no es exactamente de genética de lo que quería hablar. Me he referido a ello para constatar que desde que el mundo es mundo los seres humanos se desplazan de la misma forma que lo hacen en estos momentos.

El racismo no es algo nuevo aunque resurge de vez en cuando con virulencia y siempre hay partidos políticos dispuestos a levantar la bandera de la xenofobia, del odio al diferente. A estas personas habría que recordarles que genéticamente somos muy parecidos, nuestras diferencias básicas están en haber nacido en continentes pobres o ricos, en países con trabajo y alimentos o en sociedades expoliadas por los primeros.

Los congoleños que huyen de su país no lo hacen porque sean más aventureros que otros, sino porque su país rico en minerales fue colonizado por los blancos belgas que se lo llevaron todo y, posteriormente, las grandes multinacionales que allí se instalaron les siguieron llevando entre otras cosas el coltán que todos nosotros tenemos en nuestros móviles y que serán la base de los futuros coches eléctricos.

Dicho expolio los llevaron a una guerra muy cruenta en donde las peores paradas han sido las mujeres, ya que es uno de los países en donde la violación como arma de guerra se lleva a cabo a diario. ¿Cómo no van a huir de su país? ¿Acaso usted no haría lo mismo? Razones para salir de tu casa, dejar a tu familia, amigos y entorno en donde has vivido desde que naciste hay miles, a pesar de lo duro que resulta. Simplemente dejas de ser quien eres para convertirte en un anónimo migrante en busca de algo por lo que vivir. A nadie nos gusta dejar nuestro entorno.

Cada vez que veo mujeres con bebés bajando de pateras pienso lo desesperadas que debían estar para correr todos los riesgos posibles: frío, hambre, incomodidades, acoso sexual y, en algunos casos, la muerte. Eso lo podrán comprender muy bien todas las mujeres que han tenido hijos. Lo mismo ocurre con los padres y madres que meten a un menor en una patera para que llegue solo a Europa pensando que, por mal que lo vayan a pasar, estarán mejor que en su país.

Migrar por obligación, ya sea por pobreza o huyendo de las guerras o de las violaciones de derechos humanos, es lo más inhumano que existe en el mundo. Porque, además, hay que tener presente que estamos hablando de pobreza que han causado los expolios de los adinerados del primer mundo y las guerras de las grandes potencias que luchan por posiciones geoestratégicas o simplemente por minas de oro.

Una vez el migrante ha llegado al mal llamado primer mundo tiene que sobrevivir al desarraigo, una sensación realmente muy angustiante. Se sienten rodeados de gente extraña que no habla como ellos, que no comparte costumbres y que lo mira con desprecio por ser algo diferente.

Cuando se celebran 70 años desde que el 10 diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara la Declaración Universal de los Derechos Humanos, resulta inevitable repasar si seguimos por el buen camino. Y la conclusión es negativa.

En una de las celebraciones de este aniversario, Elena Arce, jefa del Área de Inmigración del Defensor Pueblo, destacó cómo los mensajes y la semántica es importante a la hora de hablar de la situación que viven migrantes y refugiados. «Términos como invasión o avalancha no ayudan en nada y contribuyen a crear un clima de alarma entre la población. Existe un creciente discurso de odio hacia el migrante, chivos expiatorios de todos los males». Y el resultado material salta a la vista en toda Europa: la extrema derecha mundial está en auge.