Miénteme

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Esta semana hemos dedicado dos plenos del Congreso a la renovación de la dirección de RTVE. Al salir del Hemiciclo, después de cada una de las sesiones, el ambiente entre los diputados y diputadas que me son más próximos era de cierta consternación por la dureza de los debates. Claro que, teniendo en cuenta que en estos tiempos los ánimos están siempre prestos a encenderse por cualquier cosa, tampoco nos vamos a extrañar de que el control, o descontrol, de Televisión Española provoque tantos encontronazos como desencuentros.

Unos sencillos datos nos pueden ayudar a pensar algo más serenamente sobre el asunto. En la encuesta electoral del CIS de 2011, es decir, cuando la RTVE estaba gobernada según el modelo consensual que había propuesto el presidente Rodríguez Zapatero, la valoración en la escala del cero al diez del señor Rajoy era de un 4,5, tanto entre el conjunto total de entrevistados, con independencia de la cadena de televisión en la que se informaran, como en el subconjunto de quienes declaraban informarse de los temas políticos a través de Televisión Española. Podríamos decir que entonces el efecto de informarse en TVE era neutral sobre la valoración del señor Rajoy.

Del sistema de consenso impulsado por Rodríguez Zapatero, surgieron presidentes de RTVE que hicieron una Televisión de gran calidad profesional, como es el caso del señor Oliart, que fue ministro de los primeros gobiernos democráticos de los presidentes Suárez y Calvo Sotelo. El presidente Rajoy tenía otros planes para RTVE, para los que impuso en la presidencia de RTVE a una persona como el señor Sánchez Domínguez, que, de haber tenido más edad, hubiera podido formar parte de los últimos gobiernos de la dictadura, presididos por los señores Carrero y Arias Navarro, a plena satisfacción de ellos y del propio señor Sánchez Domínguez.

El señor Sánchez Domínguez se empleó a fondo. En la encuesta electoral de 2015, la valoración del presidente Rajoy entre el total de las personas entrevistadas por el CIS bajó a un 3,4, pero en el subconjunto de quienes se informan de política a través de TVE la valoración del entonces presidente del Gobierno subió a un 4,7. En realidad el efecto no fue tan grande como parece, porque más que mejorar la simpatía de la audiencia de TVE por Rajoy, lo que ocurrió fue que quienes no simpatizaban con él cambiaron de canal. Al irse quienes le daban notas bajas, y quedarse quienes se las daban altas, subió la media. Y lo cierto es que se fue mucha gente.

En 2011 el 39% de la población entrevistada por el CIS declaraba informarse de política en TVE, en tanto que en 2015 ese porcentaje bajó al 19%. Dicen que ya no acudimos a los medios de comunicación para conocer nuevas ideas y opiniones, sino para reafirmarnos en las nuestras. Al final, quienes mayormente veían TVE eran los votantes del presidente Rajoy, tratando de convencerse de lo contrario de lo que percibían en la realidad de sus vidas. Quizá eso mismo le pasó al propio Rajoy, que se creyó su propia mentira. Ya se sabe, los dioses nos castigan haciendo que se cumplan nuestros deseos.

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