Ni michismi ni fiminismi

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Aún hoy asombra pensar que en el año 1966 -en plena Dictadura- el director Carlos Saura pudiera realizar (y estrenar) una película como 'La caza'. Nadie entiende cómo es posible que aquel western a la española pasara el control de la censura, porque más allá de la cruda relación entre los tres personajes, del guión subyace una feroz crítica al régimen franquista que sigue teniendo vigencia en estos tiempos. Lo que sin duda ha perdido esta citada vigencia no es sino el propio director, que contra todo pronóstico (es lo que tiene la admiración de las narices) se ha sumado a esta larga lista de 'señoros' que desde los púlpitos dorados que les otorgan ser unos privilegiados se lanzan sin paracaídas a decirle a las mujeres que ya está bien de protestar.

El argumento del señor Saura resultaría gracioso si no fuera lamentable. Además del clásico 'yo no soy machista ni feminista', el realizador sostiene que el feminismo está creando odio hacia los hombres, lo que a la postre origina -atención- «chicas lésbicas». No contento con ello, insiste en la teoría de que eso del lesbianismo es un «problema» del que se habla poco. Algo así como los incendios del Amazonas, que están destruyendo el mundo pero que no terminan de interesar a los medios.

Ésta ha debido ser la semana fantástica del señoro español. Y lo digo porque su buque insignia, Bertín Osborne, ha hecho saltar la banca con un nuevo ramillete de declaraciones machistas listas para ser aplaudidas (y compartidas) por esa extrema derecha que ya se ha asentado en la Puerta del Sol. Lo que el adalid de la hombría y cocinitas en potencia no se imaginaba era que algún tuitero enmascarado sacara a la luz una entrevista suya (da igual el momento, Bertín siempre ha tenido su espacio en la tele patria) en la que admite haberle pegado a mujeres. Hasta Gabriel Rufián (¡ojo, Rufián!) se ha permitido darle lecciones; y cuando hay que aplaudir al diputado catalán es que algo extraño está ocurriendo.

Siguiendo la dinámica visionaria de estos señores -todos heterosexuales, blancos y con dinero- Saura nos podría regalar algo así como una segunda parte de 'La caza': Tres mujeres se citan para colgar un cuadro, y que en un dramático giro de guión acudiera raudo un señor que les explicara cómo funciona un taladro porque ellas -claro está- no saben. Este es el nivel.