Medusas

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Según una noticia reciente nadaba a sus anchas por las benéficas y transparentes aguas de Manilva una medusa de más de dos metros de longitud que ha causado sorpresa, y cierto temor, a los bañistas, y es lógico, dada la mala fama que acumulan a lo que se suma su espeluznante aspecto. El Aula del Mar, enterada del suceso y una vez estudiada la pieza, se ha aprestado a señalar, tras un informe exhaustivo, que se trata de una especie de medusa, la 'Rhizostoma Luteum', que a pesar de su apabullante apariencia es de picadura inofensiva, no como su prima -tampoco va de discreto el latinajo- la 'Pelagia Noctiluca', cuya punzada puede llegar a ser letal, si se pone a tiro «el nadador de músculos, puro acero, semeja ser mensajero por los dioses enviado, que lo despachan entero»; y hasta aquí la cita poética.

Siempre me han causado un horror cerval las medusas porque de adolescente fui atacado por una coalición de ellas en las playas de Chilches, y jamás olvidaré el picor, escozor, aparte de las urticarias y ampollas, que se extendieron por todo mi cuerpo, lo que me ha producido un rechazo hacia ellas similar al que padeció Salvador Dalí «por las algas gelatinosas de las orillas marítimas», aunque, eso sí, con efectos menos determinantes de los producidos al maestro nacido en Figueras, cuya musa rusa fue Gala -perdonen la cacofonía-, tildada por sus enemigos como la Medusa de Kazán, gracias a sus audacias maniobreras imprevisibles, sobre todo en lo que atañía a las finanzas. Dejemos a Gala y volvamos al tema principal: las medusas de mar. Mi terror hacia ellas no procede sólo de aquel incidente en las playas de Chilches, durante el primer gabinete monárquico de Arias Navarro -recuerdo esto porque el mismo día del asalto medusiano contra mi persona el rey Juan Carlos lo depuso: era el 2 de julio del 76-. Lo cierto es que guardo una mezcla de atracción-repulsión hacia las medusas no sólo por las ronchas sino desde que empecé a bucear en las distintas imágenes que la historia ha recreado acerca de su físico y mirada mortífera, un relato alimentado por el mito griego de un monstruo de extraña belleza: Caravaggio, Bernini, Rubens, Luca Giordano, Canova, incluso Beardley, cuya Salomé es en realidad la tantálica Medusa de los griegos..., todos estos príncipes del arte han recreado su imagen con la fascinación que produce la muerte violenta en defensa de una identidad.

En realidad Medusa era la más bella de las tres Gorgonas, guardianas de las costas de Libia, pero fue violada por Poseidón. La venganza tomó cuerpo en ella y la Medusa se transformó en una mujer gelatinosa, de ojos profundos, dentadura podrida, con una melena compuestas por largas y nocivas serpientes. Perseo, ese niño tan valiente como estúpido, logró asesinarla, puso ante ella un espejo y el reflejo la convirtió en una estatua. Después la decapitó. Freud, siempre tan retorcido, habla del mito de la castración, y de los deseos frustrados de los hombres con sus madres. Mi interpretación no va tan lejos y sólo deseo que no vuelva a picarme.