Medicina cibernética: el futuro de la salud

Medicina cibernética: el futuro de la salud

No es muy aventurado soñar con smartphones que midan parámetros de salud o proteínas en fluidos como la saliva

GORKA ORIVEProfesor titular de Farmacia

La historia y progreso de los seres humanos están indisolublemente ligados al descubrimiento de nuevos materiales y a la evolución médico-tecnológica. Desde el Neolítico, y a lo largo de milenios, la humanidad ha empleado multitud de materiales como la seda, la madera, el nácar o el marfil para fabricar instrumentos y prótesis con los que tratar enfermedades y aliviar a quienes las padecían. A medida que el conocimiento avanzó, se empezó a trabajar con oro, plata, plomo, cobre o titanio. Sin embargo, asistimos en la actualidad a una revolución sin precedentes que puede marcar el rumbo futuro de la medicina. A la ingente cantidad de materiales disponibles, más funcionales, flexibles, electrónicos y adaptables a nuestro organismo, se le añade un enfoque multidisciplinar que fomenta la sinergia entre áreas inicialmente poco afines como la biología, la fisiología, la robótica, la inteligencia artificial o el aprendizaje automático. Como científicos nos enfrentamos a una enorme oportunidad, pero también a un gran reto no exento de dificultades y dilemas éticos. Estamos viviendo el nacimiento de la medicina cibernética, la fusión entre materia viva y materiales inteligentes, cuyo potencial y alcance se antoja complicado vislumbrar.

Pero, ¿en qué consiste realmente la cibernética?, ¿cómo ha evolucionado hasta poder ser aplicada en seres humanos? Un sistema cibernético es, por definición, un circuito cerrado y retroalimentado, más o menos sofisticado, diseñado para el control y la comunicación entre máquinas o sistemas tecnológicos. Dicho de forma más práctica, es desde un termostato que controla la temperatura ambiente en un domicilio, a un sofisticado vehículo de conducción autónoma. En cierta forma, el cuerpo humano actúa de forma similar. Pecando de reduccionismo, ya que es más complicado, nuestro organismo es un complejo circuito de sensores y respondedores. Cuando algo dentro de nosotros no funciona correctamente, la inestabilidad se traduce en enfermedad, y la forma de atajarla es arreglando los componentes defectuosos que hagan que el circuito de control y comunicación se restaure, lo que en fisiología se conoce como homeostasis.

«¿Queremos avanzar hacia un mundo donde la delgada línea entre humanos y máquinas se haya vuelto indistinguible?»

A través, precisamente, de la medida de señales eléctricas (como las ejercidas por el cerebro y el corazón), parámetros fisiológicos (respiración, tensión, temperatura) o marcadores biológicos (glucosa, calcio, lactato u otros), la cibernética aplica sus principios para fabricar dispositivos que nos informen en tiempo real de nuestro estado de salud y nos ayuden a mejorar la calidad de vida. Por sorprendente que parezca, algunos de estos dispositivos podrán integrarse en el cuerpo humano, algo inimaginable hace unas décadas. Según algunos expertos, estos avances posibilitarán un enfoque más efectivo y eficiente en la gestión de la salud personalizada.

Es posible que alguno de los primeros ejemplos de esta nueva era de 'salud cibernética' los veamos a través de nuestros dispositivos móviles. No resulta muy aventurado soñar con smartphones que midan parámetros de salud o proteínas en fluidos como la saliva, lo que nos llevará a concebirlos como 'médicos portátiles'. Tampoco lo es pensar en parches o tatuajes electrónicos que monitoricen condiciones anómalas en piel o registren actividad cardiaca o cerebral, avisándonos de riesgos coronarios o neurológicos. Harán falta sin duda más años y nuevos avances tecnológicos para ver implantes cibernéticos con el potencial de percibir un rango extendido de frecuencias de sonido o incluso ojos biónicos con los que pacientes ciegos podrían volver a ver con nitidez.

La velocidad de progreso es tal que si meses atrás se hubiera escrito este artículo no habríamos podido imaginar que pacientes parapléjicos pudieran volver a andar gracias a la cibernética: recientemente, pacientes con lesión medular de más de cuatro años de evolución han vuelto a caminar gracias a neurotecnologías que estimulan de forma selectiva la médula espinal. Una vez más, la realidad vuelve a superar la ficción.

Habrá quienes opinen que todo esto es hiperbólico, y genera unas expectativas irreales. Pero el hecho de que algunas de las empresas tecnológicas como Google, Apple, o Microsoft estén en pleno proceso de adquisición de compañías del sector nos da una pista de que la cibernética aplicada a la salud es presente, y que los primeros productos comerciales podríamos tenerlos entre nosotros en unos cinco ó diez años.

Tampoco podemos ocultar los temores y las dudas científico-técnicas y éticas que todo progreso conlleva, como la protección de la privacidad o el comportamiento y bioseguridad a largo plazo de estos dispositivos en nuestro organismo, sin olvidar otras cuestiones más filosóficas: ¿Queremos avanzar hacia un nuevo mundo en el que la delgada línea entre los humanos y las máquinas se haya vuelto indistinguible? ¿Tenemos el derecho de trascender la biología humana en nombre de la prosperidad? La medicina cibernética está aquí, y ha llegado para quedarse. Es el momento de debatirlo.