El marqués que buceaba en su ginebra

La escultura de Larios ha sobrevivido a terremotos, ha flotado sobre inundaciones y salió entero de un submarinismo de varios años

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Esta semana ha comenzado el proceso de desalojo del monumento al II marqués de Larios a unos metros más allá, mientras que el actual marqués manda desahuciar a su propia hija y a su nieto de un chalet de La Moraleja. Reconozcamos cierta fascinación con los Larios, con la ginebra, pero sobre todo con una escultura que ha sobrevivido a terremotos, ha flotado sobre inundaciones y salió entero de un submarinismo de varios años, cuando el día de la proclamación de la II República lo tiraron a la dársena del puerto para poner en su lugar al obrero, la 'Alegoría del Trabajo' (feat. Luis Mazzantini) que está frente a la Caridad, que es una señora en pelota picada sosteniendo a un niño. Tras varios años de buceo, la escultura del marqués fue repescada, sometida a algún tratamiento antioxidante y resituada en 1951.

Los miembros del colectivo Agustín Parejo School habrán sonreído al ver la foto del desmontaje del obrero porque ellos propusieron en 1992 una acción mediante la cual la escultura del marqués sería sustituida con el alzamiento de la figura del obrero, que ocuparía por unos días la cima del pedestal. La propuesta era tan chula que fue censurada por la crema socialista de la ciudad en un proceso de debate que ha quedado para los anales.

Este último desplazamiento del marqués, sin embargo, no ha generado la misma polémica. Se han posicionado en su contra la familia del escultor Mariano Benlliure, erigida en fundación, o algunos colectivos como Málaga Rec que señalan la pérdida de su perspectiva original. Tampoco es que se nos vaya la vida en ello: la petición en Change.org para paralizar el traslado atrajo 262 firmas, lo cual no le quita razón ni al tema de la perspectiva ni a que es algo que nos da a todos un poco igual. Lo que sí celebramos todos es que vayan a darle al conjunto escultórico un buen lavado. Podrían incluso restituirle las extremidades al niño manco, recolocarle el brazo que perdió en los años 30 y que ahora mismo la imagino convertida en una especie de reliquia del republicanismo. El caso es que el conjunto está para echarle una mano, como sucede en buena parte de las esculturas públicas, y con más enjundia en las ciudades próximas al mar y a su salitre. Javier Reverte ironizó sobre el tema: «A las palomas les encanta subirse a las estatuas y sus mejores méritos estriban en cagar sobre los cráneos de hombres ilustres». Una excepción es el monumento a Cánovas, que cuando se inauguró ya estaba con ese aspecto como de cosa derretida o fundida en sí misma. Vista de cerca, la escultura da miedo y parece una grotesca creación de los hermanos Chapman. El monumento a Cánovas me recuerda a mi abuela genial cuando decía «Rafael, no te pongas las manos a la espalda, que pareces el monumento a Cánovas». Y el de Larios recuerda entero a Málaga, a la calle, a los Parejo, también a la ginebra, a un poeta que pedía en los bares 'una marquesa de Larios', y se le entendía.

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