Ay, Marie Kondo

FRANCISCO APAOLAZA

Anda por Netflix una japonesa que te ayuda a ordenar la casa que se llama Marie Kondo. Tiene mucho éxito. Cualquier cosa tiene mucho éxito en esta España difusa que se busca a sí misma en las playas más exóticas. A este país hasta ahora no le hacía falta ninguna japonesa porque guardaba las cosas según un orden muy cómodo que se llamaba bipartidismo. Ahora ya no. Vox y el PP llevaban dos días jugando a bofetón o morreo y les salió morreo. Cuando un partido pacta con otro -y es normal que pacten pues son ciento y la madre- España siente que se le desparejan los calcetines. Ay, Marie Kondo, el acuerdo con Vox, ¿dónde lo pongo?

En ese marasmo en el que el constitucionalismo no sabe dónde ha dejado las llaves radica el éxito de la España de orden de Abascal y del método oriental de Kondo. Dicen que si lo pones en práctica, aprendes a doblar la camiseta, haces la cama, organizas la caja de los cargadores y tiras los calzoncillos viejos, las chaquetas pasadas de moda, la cabeza de Borrell y todas esas corbatas horribles.

Hay gente que anda desprendiéndose de objetos que no usaban desde que gobernaba Felipe González. Cuando se separan de ellos, se ponen de rodillas y les dan las gracias al despedirlos como si saludaran a la Madre Tierra. Resulta tan motivador. Hasta en el Congreso se han inspirado en el programa y andan preparándole a Celia Villalobos una ceremonia parecida para cuando deje su acta de diputada.

Dice Marie Kondo que en casa tengo que quedarme solo con treinta libros y esa cláusula suya no la firmo yo ni a cambio de que me hagan presidente de la Junta de Andalucía. Ni aunque me hicieran presidente de la plaza de toros de Las Ventas, aunque eso de tener una librería con como máximo treinta libros a algunos les va a parecer demasiado fácil.

Para mí resultaría imposible, pero el verdadero reto que ofrezco a Marie Kondo es que organice el inventario del maletero de mi coche. Es ese un territorio salvaje donde se puede encontrar uno un guante, una silla de montar, un saco de pienso, un bocata viejo, un patinete de niño, un paquete de kleenex, un paraguas, un perro que no es mío, 'El arpa y la sombra' de Alejo Carpentier y un par de tertulianos liberales en franca discusión sobre la igualdad según Tocqueville. Mi maletero es España.