Manolo, el emigrante

El alféizar

RAFAEL J. PÉREZ PALLARÉS

El año pasado, 21.468 emigrantes consiguieron llegar a España tras una travesía en cayuco y otros 5.473 lo hicieron a través de fronteras terrestres. Uno de cada 29 emigrantes que intentó alcanzar España desde el 1 de enero de 2018 ha muerto o desaparecido. Eso convierte la ruta migratoria a España en la más peligrosa del planeta, la más letal.

Imagine el lector que a quien haya que salvar en el mar, en vez de llamarse Abdul, se llama Manolo; o que en vez de llamarse Amina la mujer embarazada que ha perdido a un hijo en la travesía hacia España, se llama Noelia. Imagine el lector, si es padre o madre, que en vez de ser una perfecta desconocida es su hija quien ha invertido todo el dinero que tenía la familia para venir a Italia y además se ha prostituido para alcanzar las costas europeas o es su sobrino quien después de estudiar una carrera y haber estallado la guerra en el país ha preferido arriesgar la vida y buscar un futuro mejor antes de morir en casa. ¿No lo salvaría de una muerte segura?

Hasta marzo llegaron a España 3.084 migrantes. Sumemos los que han llegado hasta este 2 de julio. Incluidos los 59 del Open Arms que recalan en España en esta semana. ¿5.000 personas en total? Muchas marcharán de nuestro país, otras serán deportadas y otras instaladas. ¿Podemos hablar de una avalancha que desestabilizará España? Hablamos de personas que han sido salvadas de la muerte. Y además no estamos hablando de abrir nuestras fronteras a África. Es más, la solución no pasa por ahí. En este sentido, existe una responsabilidad social internacional que debe guiar firmemente los pasos de los distintos gobiernos europeos hasta políticas humanitarias internacionales. La solución hay que buscarla en los países de origen. Europa no puede permitirse volver a fallar para repetir la misma trágica historia durante decenas de años: muertos de nadie que arrastrarán nuestras emociones hasta la indiferencia.

Personas que huyen de la guerra o de situaciones de extrema pobreza encuentran su final en un mar que une dos orillas. O en el desierto. El éxodo no se detendrá. Los flujos de personas son imparables. Desgraciadamente hay demasiado dinero en juego y políticas enfrentadas. Jesús de Nazaret advirtió de la necesaria acogida al emigrante. La valoró digna de ser premiada. La historia viene de lejos.

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