De Málaga, el Puerto

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Cuando era joven e iba a su casa de visita, mi abuelo Tomás, que en paz descanse, me repetía mucho un dicho popular que en aquellos días de Vespino, clases, niñas de Martiricos y veinte duros para gasolina no terminaba muy bien de encajar, pero que el mucho vivir y escribir de esta ciudad dura e indolente me ha enseñado con toda su plenitud. «De Málaga, el peine 'pa' que no peine», decía aquel refranillo, que me caló en la memoria sin comprenderlo bien, o quizás precisamente por eso mismo.

Ya hace tiempo que sí lo entiendo, y por desgracia cada día que pasa compruebo más su dolorosa validez definitoria del ser malagueño. Pues no es que los peines no peinen, sino que aquí siempre hay algo, generalmente de poca monta, de solución fácil, de sentido común y que es de justicia arreglar, pero que falla irremediablemente y no nos deja levantar cabeza. Y así, una y otra vez, por los siglos de los siglos y amén.

Pongamos por caso el Puerto. Hay consignatarias y navieras malagueñas que conocen el negocio y han encontrado un nicho de mercado en la importación de verduras frescas, plantas ornamentales y textiles de Marruecos. Hay empresas de transporte, con grandes flotas de camiones, que también tienen su sede en el CTM, y con estrechos vínculos en el país vecino, que querrían trabajar aquí. A todo eso se añade una saturación bestial en el vecino gigante de Algeciras, que deja oportunidades de mover tráficos hacia aquí... Y todos ellos se tienen que ir de la manita a cualquier otro sitio a trabajar, a pesar de tener una rada maravillosa, equipada y con grandes profesionales. La principal, si no la única razón para estar perdiendo un flujo de hasta diez mil camiones de carga rodada al año, con lo que ello supondría de actividad económica para la ciudad y de menor tráfico en las carreteras, es que el Gobierno central de Madrid no tiene las santas narices, por no decir otra cosa, de contratar a una sola persona, un funcionario interino, que se ocupe de atender los servicios para-aduaneros los fines de semana, en horario de mañana. Se trata básicamente de los técnicos que trabajan en la inspección de calidad, sanidad exterior y fitosanitaria de los productos que se importan desde fuera de la UE. Las compañías logísticas tienen la curiosa manía de querer trabajar todos los días de la semana para abastecer los mercados, y por no tener este servicio operativo los sábados y domingos directamente se llevan la línea completa a cualquier otro sitio.

Así que, en Málaga, los muelles, sin barcos; los buques, sin carga; las grúas, de adorno; los camiones, sin contenedores, y, por supuesto, los peines, 'pa' que no peinen...