El majarón del AVE

IGNACIO LILLO

Creía que conocía a todas las subcategorías de majarones que pueblan esta bendita tierra, y aquellas que, como es el caso, vienen de paseo a beberse el mar, fumarse el cielo y joder a los vecinos del Centro que tratan de dormir dos horas seguidas, como al resto de visitantes de bien. Pues no. Me quedaba al menos una, y al ritmo que va la cosa, seguramente aún me lleguen nuevas tipologías por clasificar, para regocijo del respetable.

Vamos al caso. El que toca hoy es de una gama propia de ciudades ricas y pujantes, y que además tienen una imagen consolidada en el mercado nacional del turismo de fin de semana, 'city break' que dicen en el sector. Se trata del que daremos en llamar el majarón del AVE. Dícese del ser que viaja en manada, y generalmente -aunque no exclusivamente- con motivo de la celebración de la despedida de soltero de uno de los miembros del clan. Habitualmente, es de género masculino y acostumbra a hacerse fuerte en el vagón bar, donde agota las existencias de cerveza y hasta del agua de los floreros.

Nada en contra de que la gente se divierta en sus viajes, y se tome lo que su hígado y sus riñones sean capaces de metabolizar. Pero al tonto ferroviario no le basta con estar de juerga como todo el mundo: reírse y hacer bromas, por supuesto, pero para dentro, para el grupo, sin darle la lata en exceso al resto del pasaje. No. Estos individuos son expansivos, imponen su jolgorio a todo su entorno, espurrean su mal gusto y su horterada en erupción. Para colmo, chulean y desprecian a los responsables de la seguridad que osan llamarles la atención y pedirles mesura durante el trayecto.

La consecuencia, previsible. Semejante ganado se ve obligado, tras la intervención de la Policía Nacional, a apearse en la primera estación posible, que suele ser la de Córdoba, para desgracia de los vecinos de la califal. De paso, le dan un respiro, si quiera de unas horas, a los malagueños y a los turistas de bien, puesto que los abnegados majarones no cesarán en su empeño de llegar hasta la capital costasoleña, donde ya tenían alquilado un cuchitril por habitaciones. Y hasta una 'stripper' para calentar al novio, por si el muchacho no iba suficientemente excitado.

Ahora toca que Renfe gire solidariamente a estos energúmenos la factura de la indemnización por el retraso del AVE para el resto de pasajeros. A ver si se le quitan las ganas de dar por saco en lo que les quede de sus estridentes vidas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos