Lyrica y Diazepam

La afición por la lectura de prospectos sirve para medir el grado de obsesión ante las cosas

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Soy ese tipo de personas que se dedica a leer los prospectos de los medicamentos de una esquinita a la otra. Primero porque creo que es una especie de responsabilidad ciudadana, pero también hay que reconocer que el gesto podría significar cierta tendencia a la hipocondría y también al puro morbo, a la búsqueda de temas que estén a medio camino entre la información y el escándalo. No será así para todos, supongo: esto de leerse los prospectos a mucha gente le puede parecer una chorrada, porque se supone que ya se lo ha explicado el médico y porque tampoco es un tema que tiene que interesar a todo el mundo. La afición por la lectura de prospectos sirve para medir el grado de obsesión ante las cosas, y para calibrar también cuánta desconfianza ha ido adquiriendo uno con el paso del tiempo no ya por la medicina, sino por el mundo entero.

La semana pasada, en un particular viernes de dolores, llegó a mis manos un nuevo espécimen. Un medicamento hasta entonces desconocido. No una mera reinterpretación del ibuprofeno, sino algo bueno de verdad, estrictamente recetado por un profesional de la salud que dio instrucciones verbales muy explícitas sobre su toma. También hay que decir que no entró en muchos detalles, pero el nombre ya me apareció como un flash: Lyrica, 25 mg. Un título fabuloso, como tantos otros nombres de medicamentos a cuyos autores habría que empezar a dar premios, con categorías para las pastillas para el resfriado y las píldoras anticonceptivas, con menciones especiales a los fármacos con benzodiacepinas y otros milagros que acaban en 'pam'. Noctamid, Dormodor, Stilnox y los ya clásicos Lexatin y Orfidal. Pronto uno se llamará Morfeo.

Abrí la caja de Lyrica como quien abre un regalo. Dentro, un pergamino cuyo grueso estaba dedicado a mis capítulos favoritos de todo prospecto, que son los efectos secundarios. Cualquier aficionado podría concluir que ponen una retahíla alucinante de cosas que podrían pasarte si te tomas la pastilla únicamente para ahorrar demandas. Los efectos secundarios de la Lyrica son, y cito solo unos pocos, mareos, somnolencia, dolor de cabeza, vértigo, visión borrosa, visión doble, opresión en el pecho, ojos llorosos, hinchazón del cuerpo incluyendo extremidades, boca seca, vómitos, sofocos, flatulencias, sed, dificultad para contener la orina, agresividad, angustia. Los hay que parecen contradictorios entre sí, como la pérdida de apetito y el aumento de peso, y un sinfín de problemas de índole sexual, porque te pueden dar más o menos ganas, siempre incluyendo dificultad para alcanzar el clímax. Hay algunos retorcidos, como la dificultad para encontrar palabras, sueños extraños, cambio en la percepción de uno mismo, sensación de embriaguez y euforia. Mi efecto secundario favorito es la conducta inapropiada. Hoy es el día del libro y aquí está uno recomendando prospectos por un efecto secundario de la Lyrica y por la tendencia a ridiculizarse que suele venir con el dolor.