Listas de espera

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Los andaluces ya saben cuándo tendrán que ir a votar en los comicios anunciados ayer por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, pero siguen sin conocer cuál es la situación de las listas de espera quirúrgicas y diagnósticas. Las elecciones se adelantan y la información sobre las operaciones se retrasa. ¿Por qué? ¡Ah! El motivo lo desconozco. Lo cierto es que hace más de un año que la Consejería de Salud no actualiza los datos sobre el tiempo que aguardan los pacientes para ser intervenidos quirúrgicamente, vistos en una primera consulta especializada o someterse a una prueba exploratoria. Los listados, cuando se difundan, harán referencia al 30 de junio. Como ya estamos en la segunda semana de octubre, y Salud sigue sin hacer pública esa información, cuando lo haga habrán pasado, como mínimo, tres meses y medio desde el 30 de junio. O sea, que los datos que se presenten, para bien o para mal, no se ajustarán a la realidad, serán distintos y estarán desfasados. Aunque los que manejan el estado de las listas de espera tendrán una explicación, es inexplicable que en los tiempos en que las nuevas tecnologías logran que todo sea más rápido y ágil, el asunto de las demoras esté rodeado de misterio e incertidumbre.

La Consejería de Salud y el SAS, que tanto alardean de transparencia y claridad, con este secretismo sobre la cifra de enfermos pendientes de pasar por un quirófano o de que se les confirme un diagnóstico, introducen en un profundo mar de dudas una cuestión ya de por sí oscura y que se presta a la suspicacia. ¿Quién es el responsable de que este año haya tanto retraso para informar sobre las listas de espera? Con lo fácil que es descorrer las cortinas y dejar que la gente sepa si los enfermos aguardan ahora más o menos que en 2017. La consejera de Salud, Marina Álvarez, y la gerente de SAS, Francisca Antón, hoy mejor que mañana, deberían dar la orden de detallar con minuciosidad todo cuanto concierne a la tardanza que sufren los pacientes. Si no lo hacen estarán faltando al derecho que asiste a los ciudadanos a conocer un tema crucial. La mejor forma de dar la espalda a las sospechas de manipulación y maquillaje de los datos es ir de frente. Luz y taquígrafos. Así cualquier recelo quedará abortado. En caso contrario, siempre planeará la desconfianza sobre las listas de espera de la sanidad pública andaluza. Y, desde luego, no vale el argumento de que otras comunidades autónomas son más opacas y no dicen esta boca es mía. El 'y tú más' no sirve de nada. Salud debe una información a los andaluces y tiene que hacerla pública ya.

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