LA LEYENDA DE LA CIUDAD CON NOMBRE

FRANCISCO MOYANO

Según el último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), cada vez más cuestionado y desprestigiado, las tres preocupaciones principales de los españoles son el desempleo, los políticos en general y la corrupción. El suspenso que, al margen de que las cifras sean 'cocinadas' o 'crudas', reciben todos los líderes políticos, debería llevarle a reflexionar con mucha preocupación; lo mismo es pedir imposibles. A los ciudadanos preocupa cómo evoluciona la dinámica política; en estos días asistimos a una especie de misterio de la Santísima Trinidad protagonizada por la gama ideológica a la que se denomina 'derechas'; en Andalucía no queda muy claro cómo se reparten las hipóstasis o entes de las tres personas; quién es el padre, el hijo y el espíritu; tampoco estamos seguros de una posible unión hipostática. De momento la 'naturaleza humana' queda expresada por Partido Popular, Ciudadanos y VOX; este último grupo huyendo de la etiqueta de extrema derecha y los otros dos instalados en el eufemismo vergonzante para atribuir esa denominación. Es frecuente escuchar a políticos locales expresando que la nueva fuerza política ha llegado para quedarse y, aunque intentan ocultar la preocupación que les produce, no lo consiguen; mayo está muy cerca y la nueva fotografía municipal es más incógnita que nunca. En una ciudad con un nombre tan internacional, incluso universal, como es Marbella, preocupa mucho el desempleo, iniciándose el año con casi doce mil personas paradas. En estos días escuchaba a un ciudadano decir que en Estepona la cifra de desempleados no llega a los seis mil; se olvidaba de un detalle no menor: Marbella cuenta con casi ciento cuarenta y dos mil habitantes, según el padrón oficial, mientras que Estepona se acerca a los sesenta y siete mil. Sin duda tanto en una como en otra ciudad, estas cifras oficiales no reflejan la realidad, debido a que muchos residentes, a pesar de las frecuentes campañas de publicidad y captación que se ponen en marcha, siguen ocultos sin empadronarse, pero sí haciendo uso de los servicios públicos. No deja de ser una perjudicial suerte de insolidaridad e incivismo. Sobre cuántos somos oficialmente conviene, de nuevo, reparar en las cifras y reflexionar sobre las infraestructuras con las que contamos y las sangrantes deficiencias o carencias estructurales de la ciudad. El peso poblacional sitúa a Marbella en la octava posición en Andalucía, encontrándose dos capitales de provincia (Cádiz y Jaén) por detrás. Aunque aceptemos que comparar es odioso, no por ello se puede ocultar que ni la administración central ni la autonómica han estado a la altura a la hora de facilitar que las múltiples necesidades de la ciudad se hayan podido cubrir. Los grupos políticos locales también han sido incapaces de concentrarse en lo esencial, pactando posiciones comunes, para que la unión hubiese proporcionado la fuerza; con excesiva frecuencia han colocado en lugar prioritario la gresca política con intereses partidistas y no se salva nadie. El propósito de enmienda pasaría por reconocer los errores. Siempre se está a tiempo para ello, aunque el tiempo perdido no se pueda recuperar. Marbella es una ciudad que a lo largo del siglo XX fue transformándose desde un enclave que, en los primeros años de la posguerra, no llegaba a los diez mil habitantes a sobrepasar los cien mil en el año dos mil. El despegue comenzó a final de la década de los sesenta y se dispara en los noventa y la primera década del siglo XXI. A pesar de que el nombre, convertido en marca, sigue gozando de prestigio, orillando mil y una dificultades, las viejas reivindicaciones siguen teniendo una triste vigencia. Y pasan los años y se suceden las campañas electorales, los periodos de gobierno y las infraestructuras sanitarias, educativas y de comunicación continúan en la misma situación. Puede que los ciudadanos nos pongamos muy pesados y reivindicativos, pero no podemos más que insistir porque viene siendo algo muy parecido a una prédica en el desierto. Una carencia fundamental es la ausencia de PGOU, aspecto en el que esta ciudad se ha venido enfrentando a la 'armada invencible' de la burocracia. Pero en el día a día ciudadano, hace tiempo que resulta prácticamente angustioso encontrar un aparcamiento, especialmente en los barrios, donde no existen estacionamientos privados. Se tarda más en poder estacionar el coche que en llegar desde Málaga a Marbella. A pesar de la ineficacia mostrada en este aspecto por parte de las sucesivas administraciones locales, se sigue multando por aparcamiento indebido. Un verdadero contrasentido. ¿habría que multar a los responsables de tantas carencias?

 

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