Sin letra, pero con corazón

Llevamos años escuchando el himno sin letra y nos hemos apañado

PEDRO MORENO BRENES

No se come con los símbolos, no arreglan el paro ni nos garantizan una sanidad y una educación mejor, pero como afirma Umberto Eco, no entendemos un universo en que los seres humanos se comuniquen solo con gestos o sonidos pero tampoco un mundo en el que nos limitemos a emitir palabras, y por eso la cultura nace cuando las cosas se controlan por medio de sus signos o de otras cosas que se asumen como signos de aquéllas. La RAE define símbolo como «representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada». El símbolo no tiene que ser un objeto existente en la realidad física, es una «unidad cultural» (Eco), y por tanto puede ser una persona, una localidad geográfica, una cosa, un sentimiento, pero en todo caso crece en función de las personas o grupos sociales que lo utilizan o interpretan, ya que en expresión de Charles S. Peirce (el padre de la semiótica), los símbolos tienen crecimiento: «un símbolo, una vez que es, se extiende entre las gentes. En el uso y en la experiencia, su significado crece».

Los símbolos no son un huevo que se echa a freír, son cosa seria, en especial cuando nos afectan a todos los ciudadanos (banderas, escudos o himnos). En los últimos días ha saltado a la palestra de nuevo el 'problema' de la ausencia de letra en nuestro himno nacional (Marcha de Granaderos). Marta Sánchez acude en nuestra ayuda ante esta 'crisis de estado' y nos propone otro intento de letra (hubo anteriores: Marquina en 1927, el encargo de Primo de Rivera a Pemán, la versión de Juaristi, De Cuenca, Linares y Fonte por petición de Aznar y la seleccionada por el Comité Olímpico Español en 2007). Ninguno ha dado resultado, no por su calidad poética (cada cual con sus gustos), sino porque llevamos años escuchando el himno sin letra y nos hemos apañado. Me encantaría cantar el himno de España como hacen los franceses con 'La Marsellesa' o por fortuna podemos hacer los andaluces con nuestro himno, pero la convención de la que antes hablaba exige un consenso social que a estas alturas sería muy difícil conseguir.

El presidente Rajoy, en un 'veloz' estudio demoscópico, vía Twitter, concluye que la inmensa mayoría de los españoles estamos encantados con el arrebato patriótico en forma de canción de la Señora Sánchez. Yo creo, sin embargo, que los casi 42 millones de españoles que somos, tenemos asumido que habrá que seguir calladitos o con el 'La la la la', pero con patriotismo y corazón, seguiremos haciendo un esfuerzo por cuidar la dignidad humana, el respeto a la diversidad, el estado social o esas calles clamando por los derechos de la mujer, como símbolos de esta gran nación que es España.

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