Lenguajes

Trasladar determinadas películas al texto literario podría resultar complicado, pero a la inversa hay muchas más obras literarias que verterlas al lenguaje fílmico sería quimérico

Lenguajes
JOSÉ LUIS RAYAPROFESOR DE INSTITUTO

El lenguaje 'per se' puede ser inabarcable, independientemente de los sistemas que los lingüistas y filósofos empleen para estructurarlo, aunque podría reducirse a lenguaje humano y no humano. Tan complejo uno como otro. Imagínese el lenguaje (como sistema de comunicación) que adopta cada especie animal, incluso vegetal. Estaríamos clasificando y sistematizando hasta el infinito. Uno de los más avanzados y atrayentes es el lenguaje de los delfines, por ejemplo. Pero fuera de esta catalogación me gustaría centrarme de forma somera en dos tipos -humanos, arbitrarios e icónicos-, esto es, el lenguaje literario y el cinematográfico.

Usualmente la gente tiende a comparar alegremente una película con la novela en la que se basa -raras veces sucede al contrario- y hemos de recalcar que caemos en un craso error; en efecto, no tiene disculpa, pues los códigos utilizados son absolutamente contrapuestos. Símbolos arbitrarios (palabras) e iconos (fotogramas), estos últimos no son arbitrarios, pues hay una implicación y una identificación absoluta entre significante, significado y referente: se les llama 'necesarios'. Por lo tanto, nos equivocaríamos al comparar película y novela.

Ahora bien -todo tiene un pero o un sin embargo-, podemos entablar una confrontación entre ambos lenguajes y llegar a algunas inequívocas conclusiones, es decir, ¿cuál de los dos desarrolla más la capacidad humana del raciocinio, del intelecto o como queramos llamarlo? Esto es algo fundamental para el desarrollo personal y cerebral -aunque suene distópico-, sobre todo en edades tempranas.

La lectura requiere un mayor esfuerzo intelectual. El intelecto ha de esforzarse para desentrañar el mensaje o la historia que nos quieren contar, en el caso de la poesía el empeño puede llegar a ser criptográfico, pues se le añaden numerosos códigos, especialmente estilísticos, que un lector medio en ocasiones no sabe desentrañar. Si volvemos a la narrativa o a la novela, que es el género preponderante, nuestro intelecto tiene que estar atento al espacio, al tiempo donde se desarrolla la trama, a la intervención de los personajes, que pueden ser presentados por el narrador o a través de otros personajes, reflexiones, descripciones o alusiones. El narrador puede metamorfosearse, aunque normalmente aparece en primera o tercera persona: el narrador omnisciente, objetivo, subjetivo, parcial, imparcial, apologético, crítico, reflexivo, descriptivo y un sinfín de injerencias neuronales a las que uno ha de estar alerta si se desea captar el mensaje. Por ello, se desarrolla la imaginación, se incrementa el vocabulario, ayuda a las construcciones sintácticas, especialmente a las subordinadas, te ordena la argumentación, ayuda a expresarte, desarrolla la concentración, estimula el análisis, la interpretación y la relación de conceptos semánticos entre otras muchas ventajas.

El lenguaje cinematográfico es a priori mucho más elemental, de hecho un espectador solo ha de mirar e hilvanar las secuencias. La implicación de su capacidad receptiva se puede reducir a unos cuantos elementos a los que uno debe prestar atención. Salvo insignes referentes, el espectador solo tiene que dejarse llevar, raras veces ha de implicarse en desentrañar las señales, salvo numerosas obras de suspense o múltiples directores que nos dejan su impronta excelsa. Por falta de espacio, podríamos enumerar docenas y docenas de ellos, que han elevado sus obras al séptimo arte. Introducirse en su lenguaje requeriría otros conocimientos, si se quiere tan complejos o más que el resto de las artes, pues puede resultar una amalgama de todas ellas: música, fotografía, escenografía, danza, interpretación, dirección (conjunción), e incluso la arquitectura o numerosos pasajes literarios en off. Es, por consiguiente, muy completo, pero no requiere una participación tan manifiesta del espectador como la del lector en la obra que se le expone. Hay que iniciarse antes en la literatura, de hecho se recomienda leer primero el libro y después ver la película.

Otra cuestión sería el tema de las adaptaciones, aquí es cuando se escucha el tan manido y equivocado tópico de «el libro es mejor que la peli», puesto que palabra e imagen son incomparables, si bien podemos aludir a ello sin olvidar el sistema de comunicación al que pertenecen. Hay obras cinematográficas que resultarían incluso quiméricas plasmarlas en papel, pero sin duda hay cientos o miles de obras literarias cuya adaptación fidedigna resultaría banal. Podríamos hacer un popurrí 'sin mirar a quién': 'Rayuela', 'Ulises', 'El perro andaluz', '2666', 'Mulholland drive', 'En busca del tiempo perdido', 'Memento', 'No es medianoche quien quiere', 'El mahabharata', ni las adaptaciones de 'El Quijote' se acercan, ni de lejos, al intríngulis y a las implicaciones filosóficas de esta obra magistral. Seguir enumerando es improductivo.

En efecto, trasladar determinadas películas al texto literario podría resultar complicado, pero a la inversa hay muchas más obras literarias que verterlas al lenguaje fílmico sería quimérico. Aún así, la mayoría de la gente sigue pensando que más vale una imagen que mil palabras, quizá porque la mayoría de la gente, lamentablemente, no lee.