LAS COSAS DEL PP

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Muy pocos en el Partido Popular podían imaginar hace un mes y medio todo lo que ha ocurrido en este tiempo. Y quizá muy pocos puedan vislumbrar cómo será el PP dentro de un mes. Y mucho menos, dentro de un año. La incertidumbre se ha instalado en un partido deshilvanado y por reconstruir.

La primera fase de las primarias ha despejado muy pocas incógnitas, porque la victoria de Soraya Sáenz de Santamaría (21.513 votos) deja con oxigeno a Pablo Casado (19.967). María Dolores de Cospedal (15.090) se queda fuera de la carrera del congreso extraordinario, pero tiene la llave para inclinar la balanza hacia uno u otro candidato a presidir el partido.

Parece evidente que tanto Sáenz de Santamaría como Casado tienen opciones de hacerse con el mando de un partido que hoy transita por los escombros de Rajoy sin un rumbo claro y por mares desconocidos e imprevisibles. El partido que gobernaba este país hace un par de meses está hoy desaparecido, mientras Pedro Sánchez y sus socios campan a sus anchas por la Moncloa y el Congreso de los Diputados.

El gran problema del PP es que siempre ha estado acostumbrado al ordeno y mando de Génova y ahora se maneja con dificultad en la discrepancia pública de sus líderes, sus bases y sus simpatizantes. Si intentamos distanciarnos del asunto, el PP de hoy se parece mucho al PSOE de siempre, ese que airea sus trapos sucios y que se cobra deudas pendientes cada vez que puede. Basta recordar el bochorno del comité federal del 1 de octubre de 2016 que terminó con la salida de Pedro Sánchez y en el que a punto estuvieron de acabar a golpes.

Desconozco si el PP es consciente de lo que se juega estos días, porque aparentemente sus líderes andan más preocupados de salvar su barco que su flota, mientras el electorado asiste con cierta displicencia a la recomposición de piezas de un centro derecha (PP y Ciudadanos) noqueado desde la moción de censura a Rajoy.

Lo que parece evidente es que la pugna entre Sáenz de Santamaría y Casado va a ser fraticida, porque ambos tienen suficientes argumentos para sentirse legitimados para reclamar el bastón de mando del partido y ninguno de ellos, ni sus equipos, va a ceder su espacio.

A Casado le beneficia su papel de Pedro Sánchez enfrentado al aparato, que eso siempre tiene su atractivo; y Sáenz de Santamaría tiene detrás una potente maquinaria que, como ha ocurrido en Andalucía (con Moreno Bonilla, Bendodo y el incombustible Javier Arenas entre bambalinas), maneja con pericia los hilos del poder orgánico.

Para Arenas es un juego de niños preparar un congreso con 3.184 compromisarios. Falta por saber si Casado, con el respaldo implícito de Cospedal, será capaz de moverse con astucia o sucumbirá en las aguas pantanosas y movedizas de la sala de máquinas del partido. Comienza la cuenta atrás para la guerra del 20/21J.

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