Jugar a perder

El juego es una forma de entretenimiento peligrosa como una droga

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Los más visionarios ya vaticinaron hace tiempo que la irrupción de los salones de apuestas en España (y concretamente en Málaga, que siempre ha sido una tierra muy jugona), corría el peligro de extenderse del mismo modo que la epidemia de la heroína en los años ochenta. Es lógico que se compare: no parece casual que buena parte de los sitios de apuestas que se abren ahora lo hagan en barrios humildes o en destinos de turismo de bajo coste. La poca regulación de este fenómeno ya está dando señas de presentar una situación de emergencia. Detrás de todo esto, hay un poderoso conglomerado empresarial lucrándose de una adicción que provoca auténticas tragedias, sobre todo en clases humildes, y que cada vez son más. El pasado fin de semana, se celebró en Madrid la mayor manifestación contra este fenómeno.

Las salas de apuestas son lugares en los que se bebe barato, se retransmiten partidos gratis, se invita a repetir de una manera encarecida y que se van conformando como siniestros lugares de reunión. Una vez fui a uno y me sorprendió su silencio. Casi siempre hay hombres de 20 a 45 años. Supongo que no todos serán unos adictos; yo mismo he estado en uno y he vuelto. Por eso se dice que de donde más cuesta salir es de un Ikea.

Es importante advertir que, en general, las reivindicaciones no pasan por prohibir de manera total las apuestas ni los casinos, y menos en España, donde hay una portentosa tradición binguera, y lotera. Sí se pide una regularización que limite la incidencia de la ludopatía y que sirva para prevenir que el juego se convierta en un problema de salud pública, si es que no lo está siendo ya. Otra cuestión que da miedo es la versión 'online' del juego, que se refugia en lo anárquico de la red para desplegar sus encantos con una intención descarada de arruinar a la gente. Tenemos que ser conscientes de que el juego es una forma de entretenimiento tan peligrosa como la droga, y que utiliza un mecanismo de adicción muy parecido.

Se trataría entonces de hacer con las apuestas lo mismo que con el tabaco o con el alcohol. Entre otras cosas, se debería cortar de una vez por todas la publicidad, estos anuncios lamentables donde aparecen famosos con la moral ancha animando a los espectadores a que apuesten. Hay que evitar la apertura de estos lugares cerca de los institutos y limitar las licencias para locales de este tipo, que abren en el centro y en los barrios de las ciudades como si fueran heladerías. Hay que generalizar y expandir el registro de personas que se prohíben a sí mismas entrar en estos lugares y que a mí siempre me ha parecido fabuloso, porque es una lista formada por gente sensata que ha aprendido que hay momentos en la vida en el que no podemos controlar nuestros impulsos.