Juana no estaba en mi casa

El día que comience la campaña para su indulto parcial, que vengan a mi casa, seré el primero en firmar

PEDRO MORENO BRENES

La Audiencia Provincial de Granada ha confirmado la condena a cinco años de prisión por dos delitos de sustracción de menores impuesta a Juana Rivas por un Juzgado de lo Penal; además la condena a seis años de inhabilitación para la patria potestad de sus dos hijos. Creyendo que los protegía al evitar la convivencia de los niños con su padre, ahora es ella la que se verá privada de la patria potestad sobre los mismos. Lo peor es que, frente a los que algunos clamaban, era crónica de una sentencia anunciada, ya que en este caso había una mezcla explosiva de emociones, mucho dolor y un complejo problema jurídico sobre el cual hablaba mucha gente sin tener ni puñetera idea de lo que decían y en el lío en el que estaban metiendo a esta mujer. El incuestionable repudio a la violencia de género y el interés supremo de los menores no estaba en discusión, lo que se dilucidaba era un conflicto con dos partes, y en el que por mucho que uno crea que tiene razón, no es posible adoptar decisiones unilaterales, ya que en estos supuestos en las sociedades civilizadas resuelve un tercero con potestad para ello, en este caso un juez. Lo contrario es la selva.

Hay que recordar que Francesco, el padre de los niños, fue condenado en 2009 por una agresión física a Juana. Se produce, no obstante, una nueva convivencia entre los dos en Italia, y en el verano de 2016 Juana, tras unas vacaciones en España, no vuelve con sus hijos a Italia y denuncia en España que ha sufrido malos tratos en Italia (un juzgado considera que esos hechos deben ser investigados donde supuestamente ocurrieron). Mientras tanto, Francesco ejerce sus derechos y la autoridad central italiana reclama el reintegro de los niños al padre al amparo de un convenio internacional. Los tribunales deciden que hay que aplicar la regla general (restituir) ya que entienden que no existe el riesgo para los niños. En vez cumplir con las resoluciones judiciales, Juana no entrega a los niños y provoca que se active la vía penal que ha dado lugar a la condena antes señalada. Habrá que esperar a lo que decida el TS en un eventual recurso de casación, aunque no pinta bien la cosa.

Ahora Juana no está en la casa de nadie, no hay manifestaciones jaleando su desobediencia a las resoluciones judiciales. Me temo que esta mujer ha estado muy mal asesorada o simplemente ha hecho caso omiso a los consejos de sus letrados. Juana no estaba en mi casa, y si la hubiera conocido habría intentado convencerla de que la mejor manera de cuidar a sus hijos era evitando una condena que los alejara de ellos. Pero con Juana, al igual que con toda persona que sufre por los suyos (aunque se haya equivocado), se debe templar por razones de equidad el rigor de la ley. El día que comience la campaña para su indulto parcial, que vengan a mi casa, seré el primero en firmar.