La rotonda

Jauría

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

V aya por delante que hace tiempo que doy media vuelta ante cualquier atisbo de corporativismo. De hecho, por no tener no tengo ni carné de colegiado pues no me siento representado por la organización de periodistas que así se hace llamar. Creo, además, que a este oficio también le sacuden, y mucho, sus miserias y que nos ha faltado a menudo un buen sentido de autocrítica para corregir errores y disparates que han minado el crédito de toda la profesión. Es más: soy de los que piensa que buena parte de todo lo que nos ocurre en estos tiempos de transición digital viene por habernos perdido en los egos cuando aquí había mucho foco en el escenario y que, ahora, cuando pintan bastos muy gordos, andamos los periodistas con un corpus fragmentado, incapaces de alzar una sola voz frente a la presión de ejecutivos que nada saben de periodismo.

Pero, aclarado todo eso, la reacción airada que el otro día tuvo el ya exministro de Cultura Màxim Huerta tras verse forzado a dimitir por haber defraudado a Hacienda me pareció torticera y desproporcionada. Dijo el escritor y periodista que se iba para que «el ruido de la jauría no parta el proyecto de Sánchez». En primer lugar, me deja un pelín perplejo que venga a dar lecciones de ética en el tono alguien que ha construido buena parte de su carrera en los platós de Telecinco, donde se despelleja sin piedad la imagen de cualquiera, a menudo sin necesidad y, por supuesto, sin contrastar buena parte de la información dañina que se proporciona. En segundo lugar, porque a este tipo se le ha olvidado que él precisamente viene de ese bando. Que antes de ayer, como quien dice, andaba él lanzando mandobles en Twitter y Facebook contra todo lo que se mueve en la vida pública española. Y en último lugar, parece omitir que se va por haber ocultado 218.000 euros, primero, y por no haber advertido a Sánchez cuando lo fichó de este pequeño detalle oscuro de su currículum, segundo. Ergo, por haber mentido. Además, obviamente, de que este Gobierno llega a Moncloa tras una moción de censura que se apuntaló sobre la sentencia que condena al PP por corrupción.

Sí coincido, sin embargo, con el ministro más breve de la democracia en que se han perdido las formas. Claro que tampoco hay que sorprenderse, no es ninguna novedad. Aquí ha habido animalistas que han celebrado que un torero haya perdido la vida en la plaza; aquí se ha insultado y vilipendiado a quienes se han limitado a expresar su opinión; igual que se ha lapidado a personajes públicos y otros no tanto, atribuyendo delitos y culpas antes incluso de tener toda la información, dejando que prendiera rápido la mecha de la calumnia a golpe de click. Por eso, sí es verdad señor Huerta. Nos acecha la jauría. Yo añadiría que arropada por la piara. Pero eso no exime de ser honestos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos