El jardinero de la Luna

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Hay en la Luna un parterre donde brota un plantón de algodón medio 'chuchurrío'. Aquello está más triste que una saeta, así que los chinos, que han sido los primeros en cultivar una planta allí arriba (iba a ser arroz, pero no había agua suficiente) han llamado a un malagueño para que les arregle el patio. A ver si la primavera que viene les brota un jazmín que les alegre la noche y les dé flores para aromatizar el té verde.

Esto que cuento suena a guasa y lo es, pero no del todo. José María Ortega Hernández es un ingeniero aeronáutico y mecánico malagueño de 26 años. Tiempo atrás lideró el proyecto 'Green Moon', con el que un grupo de universitarios quedaron finalistas en una competición para llevar un experimento a la misión lunar de la India. En enero le pilló la noticia de la histórica semilla de lo chinos desmontando coches Bentley en Inglaterra, con más frío que la llave del susodicho. Aunque igual estos chismes tan lujosos llevan calefacción hasta en el picaporte, y ya no nos sirve el símil de toda la vida. Total que Ortega, mente inquieta donde las haya, se decidió a escribirle un correo electrónico a Gengxin Xie, una eminencia internacional, que preside el Centro de Exploración Espacial de la Universidad de Chongqing y que fue el artífice de que en enero brotara el primer plantón en el satélite de la Tierra.

Le contó que un grupo de colegas en Málaga ya habían hecho lo mismo que ellos con sus rudimentarios medios, pero con mucha ciencia detrás. Y ambos se dieron cuenta de que, a pesar de estar a años luz en presupuesto y tecnología, realmente no estaban tan lejos en conocimiento. Tras muchos meses de intercambio epistolar telemático, durante las vacaciones José María se fue a China a conocer a sus colegas y se volvió hace pocos días a España con un acuerdo de colaboración, por el cual los máximos investigadores nacionales en el campo de la astrobiología y los ecosistemas extraterrestres podrán participar en las futuras misiones espaciales del Dragón. Lo que se dice, literalmente, tocar el cielo con los dedos.

En esta Malaka palmillera, donde el oro es el polen de hachís; entre tanto nini y tanto paro, tanto sueldo precario y tanto licenciado hiperformado en vías de emigrar, la Historia hace un quiebro de justicia. Un heredero de Al Ándalus, el pueblo que soñó los más bellos vergeles del mundo, se ha ganado por derecho propio el título de jardinero de la Luna.