Jaque a la mayonesa

Jaque a la mayonesa

Los cacos de ayer que se lucraban con el robo de la tele y su venta en quién sabe qué mercado negro han dado paso a los hackers de última generación que con sus manitas blancas sobre un teclado no necesitan escala ni ganzúa para darnos un disgusto

ANA SANZ JURISTA Y AUTORA DE TEATRO

La cibernética es uno de nuestros aliados en el hogar. De eso no nos cabe duda a quienes realizamos las hazañas domésticas ayudados por el robot abrillantador que nos deja el suelo como los chorros del oro, la lavadora que nos facilita la vida automáticamente o la batidora-amasadora-cocinera que más que a un tercer brazo de ayuda para la preparación de la comida se asemeja a la presencia de un pinche en la cocina; un pinche que además de dejar la salsa al punto no nos da la lata con la petición de horas cuando no de días de descanso extra. Miel sobre hojuelas, que dirían las antiguas.

Desde que los electrodomésticos hicieron su aparición estelar en la vida de los habitantes de la sociedad de consumo ya nadie, o casi nadie, recuerda cómo se hacía a mano la mayonesa y hay un amplio consenso en que los aparatitos nos ayudan a llevar de forma más cómoda la conciliación del trabajo fuera del hogar con las faenas domésticas, sobre todo desde que, gracias a la utilísima aplicación en el móvil, podemos iniciar el funcionamiento de los juguetitos electrónicos en el momento en que lo consideramos oportuno por muy alejados que estemos de casa. Pero algo está ocurriendo con la seguridad del sistema que hace funcionar a estos artefactos; el peligro acecha a los simpáticos seres inanimados que pueblan nuestro universo cotidiano. El pavo que dejamos por la mañana dentro del horno ya no está a salvo de que en lugar de lucir asado y jugoso se quede crudo y nos deje con el hambre atrasada a la hora de comer. Tampoco podemos contar con que a la hora de la cena vayamos a encontrar en su punto de frescor la lata de cerveza. Y todo porque en el espacio cibernético ha irrumpido una banda de filibusteros.

A los piratas informáticos, por si no tuvieran suficiente con acceder a los ordenadores convencionales, últimamente se les ha ocurrido darse un garbeo bien que virtual por el software gracias al cual se puede hacer uso remoto de los electrodomésticos. Poner la lavadora desde la oficina representa una comodidad para los amos y las amas de casa, sí, pero llegar a casa y encontrarse con la desagradable sorpresa de que la ropa ha encogido porque alguien ha cambiado sobre la marcha el programa de lavado no tiene ni chispa de gracia. Ahí es donde una opina que las ciencias no siempre adelantan que es una barbaridad, como decía aquel personaje de 'La verbena de la paloma', sino todo lo contrario.

Los cacos de ayer que se lucraban con el robo de la tele y su venta en quién sabe qué mercado negro han dado paso a los hackers de última generación que con sus manitas blancas sobre un teclado no necesitan escala ni ganzúa para darnos un disgusto con sus rapiñas y, por si eso no fuera suficiente, desprogramarnos el aparato televisivo para que no podamos ver el partido de semifinales. Si las tarjetas de crédito no están a salvo en el bolso de mano que nos pueden sustraer en cualquier descuido mientras vamos por la calle, tampoco lo está el temporizador de la nevera. El agravante de este tipo de ratería viene dado porque el botín tomado al abordar la nave de nuestro hogar únicamente aprovecha al ego mal formateado de quienes se retan para encontrar un modo de entrar en lo que aparentemente es inexpugnable: el sistema informático de los electrodomésticos. Una pena.

Ante el pirateo que hacen los hackers del ciberespacio es preciso hacer acopio de una batería de precauciones si queremos disfrutar de las prestaciones de la inteligencia artificial porque, cuando una llega a casa un pelín agotada tras los afanes del trabajo o de la maratón urbana para recoger a los niños a la salida del colegio y llevarlos al partido de futbito, o de hacerse unos kilómetros de caminata para preparar la operación bikini de esta temporada, lo que toca es disfrutar de las comodidades domésticas que ayudan a recargar las pilas para el día siguiente. En esos momentos de casa tranquila, o casi, con la despensa llena, o casi, y con las ganas de experimentar el deleite de la cenilla bien ganada, en lo último que una piensa es en que al abrir la nevera nos encontraremos con la desagradable sorpresa de que un hackera distancia, por el procedimiento de haber entrado en el sistema informático del refrigerador, nos haya hecho un corte de mangas virtual con el consiguiente jaque a la mayonesa.

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