Irrelevancia e impostura

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Sánchez no ha llegado para quedarse, sino para pasearse y servirse. Para volar a conciertos de rock como un campeón, para difundir encuestas del CIS convenientemente 'fake'...

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Ha sido un bonito ensayo, un buen intento, la tromba de editoriales teorizando acerca de la ideología del Partido Popular y las ideas de fondo expuestas por el presidente Casado en el pasado congreso, su evaluación y sugerencias de modificación. Pretender confeccionar el argumentario del adversario político es de los hechos más originales acaecidos en esta maniatada Europa. Algo en esa línea ya ocurrió antes, y fue con motivo de la puesta en marcha de la asignatura llamada 'educación para la ciudadanía'. Se trataba de elevar a máximos la línea argumental del PSOE para convertirla en pensamiento aceptado, acotado e inmortalizado, para que todos adoptemos a modo de catecismo las inamovibles líneas de lo políticamente socialista-correcto. Fue ZP, ahora han vuelto de la mano de su discípulo y el objetivo es el mismo.

Barak Obama elevó lo políticamente correcto a máximos y, siendo un político inteligente, sagaz, de gran discurso y habilidades dialécticas más que notables, dicen que sus omisiones -hasta el descuido- fueron mucho más que sus acciones. El gobierno de España de hoy, el ejecutivo 84, tiene inmensas dificultades para llevar a cabo, si quiera, aquellas decisiones que anuncia. La conquista en aluvión del ejecutivo con los apoyos más dispersos tiene el inconveniente de que el acuerdo en algún punto concreto de los dispares es sólo excepcional. Luego sólo pueden volver a acordar en momentos igualmente de excepción. Van a ser dos años muy largos, una combinación de discutibles cesiones en pago de apoyos prestados y la más absoluta nada. En algunas cuestiones, como la defensa constitucional contra la ilegal secesión catalana planteada -el golpe de estado-, el retroceso parece estar confirmado. La debilidad parlamentaria de Sánchez va a tener un coste muy alto, y no sólo en forma de impuestos.

Sánchez no ha llegado para quedarse, lo ha hecho para pasearse y servirse. Para volar a conciertos de rock como un campeón. Para maniobrar en favor de su círculo familiar y que éste eleve su carrera profesional a lo más alto. Para difundir encuestas del CIS convenientemente 'fake', a ver si así atrae votantes para el futuro. Para hacer de su paso por Moncloa un auténtico desfile, minuciosamente detallado en un plan de marketing electoral que, si no sirve para ganar, al menos que optimice al máximo los resultados. Para colocar a la casi totalidad de su ejecutiva en puestos públicos relevantes de una forma tan masiva y grosera como nunca se había conocido, y eso que hemos visto cosas. Para mayor loor y honor de sí mismo y de los suyos -los más íntimos también- y para dejar claro que la dispersión de decisiones en un cierto orden también puede ser rentable.

En tanto, para poder 'reinar', Sánchez necesita dinero -cash-. Si se generan deudas, que sí, algo pasará, alguien la pagará. No parece que lleve buen camino el impuesto a la banca, ya avisó el Santander de que -ante su llegada- podría tomar algunas decisiones que pudieron sonar a deslocalización. Pero no ocurre igual con el impuesto al diésel, en ello no hay una entidad de peso en contra, solo el pueblo, el consumidor, los pequeños... Que paguen. Lo quieren barnizar de ecológico, pero es simplemente recaudatorio, porque para la 'nueva corte' hará falta liquidez. Como dice Daniel Lacalle, si este impuesto fuese medioambiental o ecológico, lo usarían para reducir el coste de subvenciones renovables, eliminar las del carbón o bajar la electricidad... Son muchos caterings los que se vienen por delante, muchos vuelos y los ornatos de estado con los que siempre pareció haber soñado. No es cosa de desperdiciar la ocasión.

El Estado, de la mano de Pedro Sánchez, va a ceder en algunas cuestiones cruciales, tomará no demasiadas decisiones, aunque anunciará muchas más, subirá los impuestos -haciendo más cara e incómoda la vida de los ciudadanos-, nombrará a muchos y traficará con los altos puestos directivos de otros muchos, no estará a la altura tampoco en política migratoria, pondrá en peligro la creación de empleo aumentando la presión fiscal de las empresas generadoras de puestos de trabajo, dará alas a los enemigos del estado para que no le den disgustos... Y dirá adiós a la austeridad gubernamental. Está ocurriendo y quedan un año y muchos meses.