Irene Evita Montero

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El poder no hace prisioneros. No propone tablas en el tablero. Sólo le vale la victoria sobre el adversario. O eso creíamos, hasta que Iván Redondo, el 'spin doctor' de Pedro Sánchez, ocupó el ala oeste de la Moncloa. Tras muchas semanas de tensión, intentando erosionar al pétreo Pablo Iglesias, por tierra, mar y aire, fueron los socialistas conscientes que unas nuevas elecciones en otoño las podía cargar el diablo, y que debían acordar obligatoriamente con él la nueva investidura de Pedro Sánchez. No había ninguna otra alternativa posible, descartadas las abstenciones de PP y Ciudadanos, que abrazarse al oso morado, que tanto calor da por compartir el mismo pelo, para que Pedro Sánchez pudiera irse el verano tranquilo a Doñana.

Sólo había una salida para que la izquierda gobernara nuevamente durante cuatro años y dispusiera del presupuesto y de todos los resortes del poder ejecutivo en España. Y la encontró de nuevo Iván Redondo: debían ganar la partida un rey y una reina. No podían ser ni dos reyes, ni dos reinas. Sólo podían ganar Pedro Sánchez e Irene Montero. Era el único resultado posible para que Pablo Iglesias se tragara el sapo de no ser ministro.

La semana que viene conoceremos cuál será la cartera de la nueva Evita de Podemos, que gracias a su particular Pablo Perón Iglesias, llegó inicialmente a convertirse en la portavoz totipotencial de la formación nazarena y ahora al Gobierno de la nación. Muchos dirán que en otros países no llegaría nuestra nueva Evita, ni a delegada de clase de un curso de voluntariado, pero se equivocan, comprobados los papelazos de las supuestas estrellas ministeriales como Nadia Calviño, Reyes Maroto o Teresa Ribera, de cuyas responsabilidades ya nadie se acuerda. Ministras invisibles, que hicieron grandes a la mismísima vicepresidenta, Carmen Calvo o la ministra portavoz Celaá, que indudablemente representan muy poco al perfil de mujer que lucha por la desigualdad y se abre camino en la nueva sociedad. En el ala oeste de la Moncloa saben que la maternidad de la líder podemita les dará algo de tregua, y que tras su baja maternal, ya pensarán en algo.

No llores por ella Pablo, su alma está contigo, su vida entera te dedica. No te alejes de ella, te necesita. Jamás poderes ambicionó, mentiras dijeron de ella. Su lugar Pablo, tuyo es, por todos vosotros luchó. Ella solo quiere sentirte muy cerca, poder intentarlo, abrir su ventana y saber, que nunca la podrás olvidar. Piensa que ella lo tenía que aceptar, debía cambiar, y dejar de vivir en lo gris, siempre tras la ventana, sin lugar bajo el sol. No llores por ella, por nuestra Irene Evita Montero.