Investidura sin bloqueos

La propuesta de Sánchez facilita la elección pero abre la puerta a gobiernos frágiles y legislaturas inestables

SUR

Las dificultades para sumar los escaños que aseguren la investidura de Pedro Sánchez, después de las vicisitudes que siguieron a los comicios generales de 2015 y 2016, han hecho que los mismos protagonistas del 'impasse' político desvíen sus preocupaciones públicas hacia los déficits que presentaría el artículo 99 de la Constitución a la hora de que el Parlamento elija al nuevo presidente. Lo mismo está ocurriendo con los enredos y las dilaciones autonómicas en la designación de quienes piloten los gobiernos territoriales: sus actores prefieren fijarse en que la normativa de otras comunidades les hubiera facilitado la tarea, en vez de hacer frente a su propia responsabilidad política. El candidato socialista a la investidura propuso ayer una modificación constitucional que permitiera desatascar la situación concediendo, en última instancia, al partido que contase con más escaños la potestad de hacerse con la presidencia del Gobierno. Ello al tiempo que afirmaba que lo que «no funciona» es el «método» de la negociación poselectoral, refiriéndose a todas luces a su infructuoso diálogo con Pablo Iglesias. Pero ni los cambios que cabe introducir en la legislación relativa a la investidura del presidente, ni los procedimientos que se empleen a partir de ahora para procurar una mayoría parlamentaria suficiente, pueden resolver los problemas derivados de la falta de entendimiento y de confianza en las relaciones políticas, y de la colisión de intereses partidistas. Entre otras razones porque toda modificación legal o procedimental generará nuevas dificultades a medida que varíen las condiciones –el panorama parlamentario– sobre las que se apliquen. La propuesta de Pedro Sánchez liberaría de la necesidad de conformar una mayoría parlamentaria mínimamente duradera, con lo que podría correrse el riesgo de enfrentarse a legislaturas inestables y a la gestación de mociones de censura. Su planteamiento, además, tendría más legitimidad si hubiera sido propuesto con antelación y no estuviera vinculado a su situación particular actual. Lo que está claro es que la superación del bipartidismo y la fragmentación del arco parlamentario exige nuevos mecanismos que cubran las deficiencias del modelo emanado de la transición, que estaba pensado para la alternancia de dos partidos fuertes. Una fórmula similar a la planteada por el líder socialista se aplica ya en tres parlamentos autonómicos (País Vasco, Castilla-La Mancha y Asturias) donde la investidura se lleva a cabo sin votos en contra del candidato, que sólo puede recibir votos a favor o abstenciones; y en los ayuntamientos, donde gobierna la lista más votada si no hay una mayoría alternativa.