Insomnio gubernamental

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El insomnio es un mal consejero. Sólo ayuda a comprobar con claridad por las mañanas las consecuencias de la falta de sueño. Esa vulgar obviedad sólo engendra pensamientos y sentimientos de escasa trascendencia. Este pasado jueves supimos por boca de Pedro Sánchez que, si hubiésemos conocido un gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos en esta legislatura fallida, el sueño hubiese habitado en el dormitorio de Galapagar y no en el del Palacio de la Moncloa. Asunto que tiene poco que ver con renovación de colchones y lencería, ni con lecturas encantadas, sino más bien con el miedo que el coco Pablo Iglesias inspiraba al inquilino monclovita. No es verdad que Begoña Sánchez se hubiese apuntado a clases de nana, ni que de sus labios en diferentes ensayos saliera el 'duérmete, Pedro, duérmete ya, que viene Pablo, y te llevará', pero algo extraño intuía la mujer del presidente. La cosa no hubiese dado para un capítulo de 'Stranger things', de no haber declarado el mismísimo Pedro Sánchez que con un gobierno bicolor se hubiese convertido en un presidente del Gobierno insomne, así como el 95% de los ciudadanos de este país. Tras escuchar esas palabras el líder podemita seguro que recordó el aforismo que del sueño al olvido sólo hay un paso. Sánchez consiguió su ambicioso sueño de ser presidente del Gobierno gracias a una moción de censura que le cocinó el mismísimo Pablo Iglesias, con todas las fuerzas parlamentarias que necesitaban un ejecutivo débil e hipotecado. No sólo no quiso ser agradecido con Iglesias, sino que extendió la sospecha de ese peligro a los miembros del equipo de la formación morada que hubiesen conformado el gobierno de coalición por tener poca experiencia en labores tan exigentes. Algún asesor de Pablo Iglesias, calmó a su líder, explicándole que ese dardo envenenado no iba tanto contra ellos como contra su confidente Rodríguez Zapatero y sus gabinetes, crisol de políticos de escasa cilindrada en los que él confió. No es menos cierto que le dejo fácil la réplica a Irene Montero y a Echenique, ya que Maxim Huerta fue uno de los elegidos por Sánchez cuando aún dormía sin sobresaltos. El trastorno de sueño en diferido que nos ha explicado el líder socialista es una patología compleja que tiene que ver con una de las personalidades que habitan en él. En el Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, no cabe ni Unidas Podemos ni los secesionistas. En su versión secretario general socialista cabe el pacto del deshonor en Navarra, la alianza con la alcaldesa morada de Barcelona, los catalanistas en la Diputación de Barcelona y Compromís en Levante. Gracias al camaleónico discurso socialista, en la política española asistimos a la transformación del discurso 'Hoy tengo un sueño', de Martin Luther King, al de 'Tengo sueño', de Pedro Sánchez. Buenas noches.