Insidias sobre el 17-A

ANTONIO PAPELL

Un periódico digital publicó sin pruebas una relación de complicidad del Centro Nacional de Inteligencia con el imán Abdelbaki Es Satty, cerebro de los atentados del 17-A de 2017, y sostuvo que los servicios secretos conocían los movimientos de la célula terrorista hasta días antes del ataque. Con posterioridad, la errónea afirmación de que se habían eliminado los antecedentes del comando terrorista que llevó a cabo los atentados llevó a JxCAT y ERC a alimentar la relación entre el 17-A y el CNI. El pasado 19 de julio, Torra anunció que había pedido al consejero de Acción Exterior de la Generalitat, Alfred Bosch, que enviara cartas a los consulados de países con víctimas del 17-A para dar a conocer aquellas informaciones. Torra no perdió la ocasión de desacreditar al Estado, aunque fuera con reconocida basura informativa.

La realidad, reconocida por todos los cuerpos policiales incluidos los Mossos, contenida en los informes de Instituciones Penitenciarias y de la Guardia Civil, y ya incluida en los sumarios judiciales, no ofrece dudas, y no hay un solo elemento que apuntale la detestable teoría de que el Estado provocó aquellas muertes para frustrar el 'procés'. Pero hay quienes no se atreven a desmarcarse del todo, y el Ayuntamiento de Barcelona -con la firme oposición del PSC, lógicamente- ha sacado adelante una proposición que insta al Congreso a investigar la relación entre el imán de Ripoll, Es Satty, y el CNI. La insidia ha salido adelante con el apoyo de ERC y de JxCAT y Barcelona en Comú, el partido de Colau.

La invención de patrañas para desacreditar al Estado de Derecho y a las instituciones es un ardid muy antiguo que en las democracias consolidadas produce hilaridad en la opinión pública más informada y no supera la barrera del escepticismo en la restante. Pero esta clase de actuaciones mendaces siempre dan información sobre la catadura moral de los extremistas que siembran las insidias y los tontos útiles que las replican hasta la extenuación. Esta vez, y como era de esperar, con el señor Torra a la cabeza.