Inocente, inocente

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Hay quien se lo creyó. Tan feliz andaba alguno que ya se lo había gastado, como si fuera un Gordo de Navidad, bancario y por adelantado, que le iba a resolver el mes, el año nuevo y hasta el viejo. Dura poco la alegría en la casa del pobre. Ahora le tendrá que pedir un préstamo al denostado banco para reponer lo que no caerá del Supremo. El cuento de la devolución del impuesto de las hipotecas ha sido una inocentada, una broma de mal gusto que ha mantenido a todo un país pendiente de las noticias económicas con más intensidad que se vive un Madrid-Barça.

Quien más quien menos en este país tiene una hipoteca, y el sueño de sacarle algo de jugo a lo que no da más que disgustos era más tentador que un crucero regalado. Qué de cosas hace una familia con los 2.000 euritos que le podían haber caído si los jueces hubieran hecho, simplemente, Justicia. Menudo marrón para los bancos y para las administraciones, obligadas a devolver hasta 5.000 millones a los bolsillos de los contribuyentes. Y menudas navidades de cigalas y centollos, que no hay mar que aguante semejante festín. El caladero nacional, por lo demás esquilmado, ya no está amenazado de muerte. No hay mal que por bien no venga.

Nos pusieron el caramelo delante, tan cerca que su tacto dulzón se podía acariciar con las yemas de los dedos. Ya daba igual quién tuviera la razón, cuál fuese el origen del entuerto: el sablazo que la Junta (en el caso de los andaluces) nos pegó en su día por comprar nuestra vivienda podía volver a la buchaca, y hasta con intereses. Demasiado bonito para ser cierto. Demasiado dinero perdido para los bancos, que para algunos supuestamente reputados habría supuesto la bancarrota. Evidentemente, no hay Justicia que soporte semejante presión, por más ciega que sea, o al menos eso dicen.

Para nuestra suerte, lo que hace que España no sea totalmente una república bananera es Europa. A los primos del norte las bromas pesadas con las cosas de comer no les suelen caer bien. Sin ser perfectos, se toman la Justicia con algo más de seriedad, o al menos no dicen por la mañana una cosa y por la tarde la contraria. Tras el primer jarro de agua fría, los ciudadanos hipotecados de España, o sea, casi todos, esperamos que, al igual que sucedió en su día con el caso de las cláusulas suelo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) rectifique la sentencia del Supremo. Y que se metan su inocentada por donde les quepa.

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