Íñigo en el tiempo

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

Miren, si quieren llámenme trasnochado, demodé o como prefieran, pero sin llegar a tener del todo claro aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, lo cierto es que hace años que desenchufé la televisión de mi rutina diaria. Y por más que vuelvo de manera ocasional, la programación convencional, la que no entiende de buenas series ni de informativos de calidad escondidos en los canales de la 'smart TV', me produce siempre el mismo asco. Viene esto a cuento de los pasajes de nuestra memoria desempolvados estos días a propósito de la muerte de José María Íñigo. Incluso con su blanco y negro, su estilo a veces naif y sus ajustados márgenes de libertad, qué quieren que les diga: me mola más la tele de antes. No por postureo cultureta, que tampoco fui mucho de 'La Clave' ni de los programas literarios de Agustín Remesal. Pero después de haber tenido los contactos iniciáticos con la tele a través de Lolo Rico y su 'Bola de cristal', que a veces alternaba con aquel maravilloso 'Planeta imaginario' y sus 'Arabesques' de Debussy; o tras haber sido felizmente entretenido las noches de los viernes por Chicho Ibáñez Serrador en su mítico '1,2,3, responda otra vez', lo que se hace ahora, en fin, decepciona.

Claro, que como en todos los géneros, hay grados. Y hoy se sigue haciendo buena tele, sin duda. Pero cuesta mucho trabajo encontrarla. Sobre todo desde que las mamachicho dieron el pistoletazo de salida a esta era 'kitsch' en la que los platós más bien parecen el casino de un crucero y ya el crimen de Alcásser terminó de romper todos los corsés que mantenían el traje del buen gusto bien ajustado. Y eso explica, desde luego, lo que vino después: de 'GH' a vaya usted a cenar con no sé quién, las retransmisiones en directo de los cadáveres de crímenes que salen de los pantanos, los concursos de Eurovisión a los que antes llevábamos a Raphael y ahora sin rubor elegimos a Chiquilicuatre o a estos artistas precocinados de 'OT'... o, en fin, ese reportero incisivo que pregunta hasta la fatiga a esa madre que acaba de sacar el cuerpo de su hijo de un pozo que cómo se siente, que si lo va a echar de menos.

Por eso, ha sido magnífico este viaje en el tiempo a raíz de la pérdida de Íñigo, con el que hemos revisitado de un vistazo los años de 'Tocata', 'Más vale prevenir', 'Estudio 1', 'Directísimo', 'El arca de Noé', 'Su turno', 'El orgullo del Tercer Mundo', 'Viaje con nosotros' o 'Si yo fuera presidente'.

Así que ustedes hagan lo que quieran, pero yo por mi parte apago la tele. Para ver al fulano este del 'Sálvame' y otros mamarrachos de su calaña, me quedo mejor con el recuerdo dulce de 'El hombre y la Tierra' o, incluso, por qué no, de la carta de ajuste. Y hago 'off'.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos