Incertidumbres económicas

El temor a una recesión global se ve alimentado por el pulso entre EE UU y China

La economía española crece a un ritmo anual del 2,3%. Su expansión, aunque se ha visto moderada en los últimos meses, dobla la media de la Eurozona y hoy por hoy no da pie a tremendismo alguno. Sería ingenuo, sin embargo, desdeñar los reiterados síntomas de desaceleración visibles tanto en la UE como en el resto del planeta que, lejos de aminorarse, van a más y cuya evolución nos afectará de lleno antes o después. El miedo a una recesión global alimentado por esos indicios, en un escenario de profunda incertidumbre, ha encendido las luces de alarma en varios organismos internacionales. Si durante un tiempo tal reacción ha podido parecer exagerada, el temerario pulso comercial que libran Estados Unidos y China, acompañado ahora por una peligrosa guerra de divisas, acerca un escenario tan adverso. La fuerte devaluación del yuan forzada por Pekín en respuesta a los nuevos aranceles impuestos a sus productos por la Administración Trump ha disparado la tensión entre las dos grandes potencias en una escalada de consecuencias imprevisibles, pero en todo caso negativas. La irresponsable actitud de ambas, cegadas por un torpe cortoplacismo, confirma su disposición a desenfundar todas las armas a su alcance para defender sus intereses sin importarles los serios riesgos que conlleva su obcecación. El hundimiento del yuan será nocivo para EE UU, pero también para el resto de los países -incluidos los europeos-, que deberán competir con unas importaciones chinas más baratas, y encarecerá la venta de artículos al gigante asiático. Tal ruptura de los actuales equilibrios ha desatado el temor a un frenazo del comercio internacional y de las decisiones de inversión, lo que se traduciría en un brusco parón de la actividad global. El nerviosismo de las bolsas es fiel reflejo de la inquietud existente. Europa se enfrenta a una situación tan problemática sin haberse repuesto por completo de las heridas dejadas por la anterior crisis y -lo más grave- con la munición del BCE casi agotada para ofrecer una respuesta eficaz a una hipotética recesión. El parón del comercio mundial sería particularmente perjudicial para España, cuya recuperación económica se ha apoyado en las ventas al exterior, y se suma a factores de riesgo como un 'brexit' a las bravas que oscurecen el horizonte al que se enfrenta la UE. Mientras tanto, España sigue con un Gobierno interino sin capacidad para aprobar las reformas necesarias para afrontar un panorama de esa índole.