Imagine

Hay que darle una oportunidad a la paz en Yemen

PEDRO MORENO BRENES

«Una solución política para terminar la guerra en Yemen está disponible»; no es una versión actualizada de 'Imagine', ese canto a la Paz escrito e interpretado por John Lennon. Son las palabras del enviado especial del Secretario General de la ONU para Yemen, Martin Griffiths, ante el Consejo de Seguridad. Las pronunció en abril pasado y la UE, en la misma línea, considera inviable cualquier solución militar. Pero a Yemen no le echamos cuenta. Una bronca más muy lejos, en una parte del mapamundi cuya localización pondría a muchos en un aprieto. Un escenario perfecto para que las mayores atrocidades se consumen ante la indiferencia del mundo, aunque esta semana Yemen si ha sonado en los medios ante las brutales imágenes del autobús reventando por las bombas de Arabia Saudí y 40 niños que han visto cortadas en seco sus vidas, una enorme tragedia en un país que ya sufre tantas como seres humanos desplazados, aterrorizados y asesinados en una guerra que sufren para mayor gloria de los que no imaginan la paz porque eso no les cuadra en sus intereses económicos y políticos.

Gobernar Yemen no debe ser fácil; ya lo decía el poeta yemení Muhammad al Baraduni: «Cabalgar un león es más fácil que gobernar el Yemen». De hecho, las causas del conflicto son una mezcla de surrealismo, mala leche e intereses económicos y geopolíticos en un cóctel siniestro. Un presidente que dimite presionado por sus antiguos aliados (EE UU y Arabia Saudí) y que se alía con sus viejos enemigos, los hutíes, para desalojar del poder al que era su vicepresidente y sustituto; en fin, 'idealismo' puro y duro. En 2015, los saudís encabezan una coalición y deciden consolidar a su nuevo títere a golpe de bombas pero al final lo único que han conseguido es una guerra de posiciones que ninguno ha ganado pero que el pueblo yemení ha perdido desde el primer día. Atrocidades han sido cometidas por los dos bandos con ataques a objetivos civiles, pero se lleva la palma, según las ONG en la zona, la aviación saudí, con 8.600 bombardeos (3.150 destinados a objetivos civiles) y el uso de bombas de racimo (armas que vulneran los principios del Derecho Internacional Humanitario). Resultado: 12.000 civiles muertos, 3,5 millones de desplazados y la mayor parte de la población necesitando ayuda humanitaria.

Cantando con Lennon, podemos y debemos imaginar a todo el mundo viviendo la vida en paz, pero al mismo tiempo hay que denunciar la paja en el ojo ajeno mientras nos quitamos la viga en el propio. Desde 2003 España ha vendido armas a Arabia Saudí por más de 1.000 millones de euros (nuestro Gobierno justificó en su momento estas ventas en que 'hay garantías del uso final', matar civiles indefensos les debe parecer un 'uso' aceptable). Por otra parte, la violación constante de los derechos humanos por la sanguinaria monarquía saudí no impide que los monarcas españoles (el actual y el emérito) mantengan una inmejorable relación con estos traficantes de muerte y dolor.

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