Ilegal, inmoral o engorda

Sólo con la mitad de las pérdidas alimentarias se podría paliar el hambre en el mundo

PEDRO MORENO BRENES

Nochebuena, una empresa organiza una subasta para llevar un pobre a cenar a casa; a la vez se cuenta la historia de Plácido, al que contratan para pasear por la ciudad una estrella navideña en su motocarro, con la amargura de tener que pagar la primera letra antes de la puesta de sol. Berlanga y Azcona en estado puro en una película crítica con la hipocresía de lavar conciencias un día en el calendario y mirar a otro lado el resto del año. La reciente crisis ha provocado en España tasas de exclusión social que han llegado a un 29,2 %, siendo a día de hoy por desgracia aún muy altas, con casi dos millones de personas afectadas por inseguridad alimentaria (hambre en mayor o menor medida). Según la FAO, en otras partes de la tierra la cosa está mucho peor: 795 millones de personas en el mundo pasan hambre y la nutrición deficiente causa la muerte de 3,1 millones de niños cada año, aproximadamente 100 millones presentan peso inferior al normal y uno de cada cuatro de los niños en el mundo padece de retraso en el crecimiento.

En estos días entramos en la vorágine de comidas sociales y familiares donde el reto es evitar la saturación ante tanta oportunidad de llenar la tripa, aunque en el resto del año se mantienen consumos elevados de alimentos. Más allá de aplicar el lema del pobre («Reventar antes que sobre»), ingentes cantidades de comida se desperdician todos los días y acaban en la basura. Siguiendo con la FAO, en el mundo se pierden 1.300 millones de toneladas de alimentos al año, y en Europa un informe de la Comisión Europea mantiene que los desperdicios de alimentos alcanzan los 89 millones de toneladas al año (179 kilos por habitante), lo que implica entre un 30% y un 50% de alimentos en buenas condiciones convertidos en residuos. España es el sexto país de la Unión Europea con más comida desperdiciada (7,7 millones de toneladas al año), después de Alemania, Holanda, Francia, Polonia e Italia. Como mantiene la Universidad Autónoma de Barcelona, sólo con la mitad de las pérdidas alimentarias actuales se podría alimentar a toda la población que pasa hambre en el mundo.

El artículo 25.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud, el bienestar, y en especial la alimentación y el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales afirma que los estados reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y para su familia, incluyendo alimentación. Insistir en las medidas normativas y ciudadanas sobre la distribución de excedentes de alimentos nos dignifica como seres humanos para evitar que pase lo de la canción: Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda.

 

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