Iglesias aprueba raspado

Un retroceso de 29 escaños en el Congreso y la pérdida de todos los senadores sería considerado un descalabro

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

En Podemos se hará seguramente una doble lectura del resultado electoral de ayer. En cualquier otra circunstancia, un retroceso de 29 escaños en el Congreso y la pérdida de todos los senadores sería considerado un descalabro con posibilidades incluso de que le costara la cabeza al secretario general. Pero en las condiciones concretas que precedieron a las elecciones de ayer, el resultado del partido morado está lejos de poder entenderse como una derrota en toda regla.

Las urnas han mejorado a las previsiones y a las encuestas y sitúan al partido morado en disposición de jugar un papel relevante en la legislatura que se avecina.

Mientras se resuelve la conformación del nuevo Ejecutivo, Iglesias puede vanagloriarse de haber superado la prueba a pesar de las condiciones en las que acudía a estas elecciones. Además del grave daño de imagen que le causó la polémica compra de su chalé, se presentaba bajo críticas fundadas a su control sectario del partido, no exento de su cuota de nepotismo, que desencadenó la salida de muchas de sus cabezas pensantes y que llevó a la ruptura de las alianzas con Compromís en Valencia y con las mareas en Galicia, formaciones que han acudido por separado y han cosechado magros resultados.

Resta por saber si con una representación menguada, Pablo Iglesias tendrá fuerza para poder exigir al PSOE que el respaldo a la investidura de Pedro Sánchez se pague a un precio tan alto como la entrada en el Gobierno. Sobre todo, porque el nuevo paisaje puede dibujar escenarios indeseados por Iglesias: el de un pacto de los socialistas con C's o que Sánchez se atreva nuevamente a gobernar en solitario.