Huellas en la arena

ELENA MORENO SCHEREDRE

El pasado tiene la prudencia de no desaparecer sin despedirse, pese al empeño de algunos de contarlo escribiendo en la arena. Machacón, se levanta para decir que existió tantas veces como lo necesita el presente, y en cada una de estas ocasiones acostumbra a iluminar un pasaje oscuro donde se refugia la ambición. Un juez de California ha fallado a favor de la fundación del museo Thyssen Bornemisza, y por lo tanto de España respecto a la propiedad de un cuadro de Camille Pissarro, expoliado por los nazis a una familia judía y cuyos herederos han litigado más de veinte años por su pertenencia. Las novelas tienen enredada la historia entre las páginas, como este cuadro que la familia Cassirer malvendió huyendo del acoso nazi. Pissarro, el impresionista francés era judío, por lo tanto, el régimen alemán no lo quería. La legión de marchantes dispuestos a hacerse con el arte llamado por Hitler «degenerado» lo tomaron en sus manos y el cuadro 'Rue Saint-Honoré dans l'après-midi. Effet de pluie' se perdió en el circuito privado del arte hasta que apareció en una galería neoyorquina. El barón Hans Heinrich Thyssen Bornemisza lo compró en 1973 y pasó a España tras la adquisición de su colección en 1993.

En la sentencia, el juez, aun reconociendo que se adquirió por vías legales, recuerda que España es firmante de los principios de Washington, una declaración de 1998 en la que los países firmantes se comprometen a devolver el arte expoliado por los nazis a sus legítimos dueños originales. «Estos principios no obligatorios apelan a la conciencia moral de las naciones participantes». No quisiera dejar constancia del número elevadísimo de obras de arte que se cuenta hay en museos con obras cuya procedencia es cuando menos dudosa.

Los expertos mundiales nos acusan, a los españoles, de no tener voluntad política, ni leyes que amparen o castiguen la carencia documental de una obra de arte y advierten que cuando se hagan públicos los fondos de los museos en las redes, si eso sucede alguna vez, algunos enrojecerán de vergüenza. Si vamos a poner el pasado en paz, hagámoslo. No se puede ser un poco ético a las cuatro y media y un poco menos a las nueve. Se sabe que este país formó parte del refugio nazi y también que durante nuestra guerra civil salieron obras de arte que no han vuelto. La reciente aparición de unos Goyas que adornaban el Palacio Zubieta, propiedad de la familia Adán de Yarza, nos muestra el tortuoso camino de la historia del patrimonio artístico. Los Gobiernos, en teoría notarios de la historia, como dice un poemario de Herman Hesse, saben escribir en la arena. Me da un poco de vergüenza que se haya litigado veinte años por ese cuadro de Pissarro y, como el juez californiano, opino que hay algo que se llama conciencia moral y que al parecer muchos de nuestros políticos desconocen.