Huelga médica

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Igual que una cuerda se rompe cuando se tensa demasiado, rotas están las relaciones entre el SAS y los médicos de familia y pediatras de los centros de salud malagueños. Cansados de clamar en el desierto, hartos de que no los escuchen, saturados al tener que atender a sus pacientes y a los de los compañeros no sustituidos, indignados por la espiral de agresiones físicas y verbales que soportan en el trabajo y desesperanzados ante la falta de soluciones por parte de la Administración, la huelga es la única salida que ven esos profesionales. Tras un verano catalogado de «nefasto» por los médicos de atención primaria de Málaga, el otoño se va a convertir en un campo de batalla en el que los facultativos defenderán sus reivindicaciones a través de paros parciales (cuatro horas en el turno de mañana y otras cuatro en el de tarde) dos días a la semana, a partir del 15 de octubre. La huelga, aprobada en una asamblea del colectivo 'Basta ya', compuesto por casi 300 médicos de familia y pediatras, la convocará el Sindicato Médico de Málaga (SMM). Aunque aún falta más de un mes para que los paros comiencen y, por tanto, hay tiempo suficiente para que las partes negocien y se pueda llegar a un acuerdo, en estos momentos el sentimiento de los médicos es seguir adelante con todas las consecuencias y no arredrase en un conflicto que viene de antiguo y que, si el SAS no ofrece algo nuevo, tiene trazas de cronificarse.

La consejera de Salud, Marina Álvarez, y la gerente del SAS, Francisca Antón, tienen la obligación inexcusable de bajar al ruedo, fajarse y reunirse con los profesionales. Lo contrario sería una dejación de funciones. Taparse los oídos y vendarse los ojos nunca resuelve nada. Los médicos no buscan hacer daño con los paros previstos, solo pretenden encontrar una vía de escape a unos problemas que les impiden desarrollar su labor con un mínimo de garantías. Como dice el presidente del Colegio de Médicos de Málaga, Juan José Sánchez Luque, «la huelga es consecuencia de la impotencia que se vive en los centros de atención primaria». Si la Administración quiere frenar los paros lo tiene fácil. Primero, dialogar y escuchar; segundo aplicar medidas reales y eficaces para poner fin a las carencias de los centros de salud; tercero, dejar de decir que la asistencia está garantizado en todos los casos, y cuarto, cuidar mejor a los médicos residentes para que cuando acaben su periodo de formación se queden en la sanidad pública andaluza, pero, claro, con contratos estables, no de miseria. La receta es esa. Y los que mandan en Salud lo saben de sobra.

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