Hartos de todo

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Málaga transita desde hace algún tiempo sobre las aguas camino del éxito arrogándose el título de la muy Noble, muy Leal, muy Hospitalaria, muy Benéfica, muy Ilustre y siempre Denodada Ciudad de Moda, a tono con el lema histórico que lleva a gala desde que la calle Larios se engalanó como pocas en el mundo tras su peatonalización y los museos irrumpieron en la vida de todos como reclamo para los turistas. Hay lugares remotos que nadie pisará jamás y capitales que una inmensa mayoría quiere visitar porque están en boca de todos y nadie quiere ser menos que el prójimo. En este rincón bañado por el paraíso tenemos algunas virtudes y un defecto principal: nos cansamos pronto de las cosas. Esto viene a cuento del Festival de Cine, que parece ser que, para algunos, ha perdido el atractivo de antaño. Ya no interesa, hay hartazgo. Se nota, se siente. Más allá de la calidad de las películas o de la trayectoria de los personajes que acuden al certamen -la mayoría producto de la factoría de las series televisivas de éxito-, es una oportunidad única de ver películas españolas junto a los protagonistas en el palco o en la butaca de al lado. A mí me parece, más allá de algún que otro bodrio que sobraba, que el evento sigue atrayendo a una masa que no se puede ignorar y que llena las calles del Centro en esta semana tan especial. Siempre fue así, actores y actrices perseguidos por un selfie o un autógrafo que conservar; actores y actrices que puedes encontrar en el restaurante en el que previamente habías reservado sin saber que compartirás mesa y mantel con tan famoso comensal... Eso tiene su público aunque no a todos les guste. Siempre fue así y sigue siendo así. La crítica cinematográfica de la sección oficial la dejo para los entendidos, siempre respetables, pero mi única pretensión es el entretenimiento. Algo parecido ocurre con el deporte. No hemos valorado lo suficiente los diez años consecutivos que estuvo el Málaga en Primera División, y ahora lo añoramos, ni apreciábamos tener temporada tras temporada a los mejores clubes del continente en la exigente Euroliga, y ahora forma parte del fracaso no compartir cartel con ellos. Resulta que ni cuando teníamos fútbol y baloncesto en la élite se llenaban La Rosaleda y el Palacio de los Deportes Martín Carpena, y ahora reclamamos volver al lugar que esta ciudad se merece. Y es verdad que ambos tienen que estar ahí, pero también tenemos que demostrar que nos apetece de veras formar parte de una élite que hay que costear y apoyar sin fisuras. Pero tendríamos que cambiar mucho los malagueños para que la rutina, bendita rutina, no terminara en hartazgo...