Guirigay andaluz

LALIA GONZÁLEZ-SANTIAGO

Hay que tener cuidado con las expectativas, porque en general no se cumplen. El cambio en Andalucía da sus primeros pasos entre promesas de una suerte de Edén de regeneración, en el que se acabarían las «mamandurrias» que diría Esperanza Aguirre, reina de las mismas como se ha sabido después, se levantarían alfombras, abrirían ventanas, cerrarían chiringuitos... pero lo que cunde en los ambientes mejor informados de la corte sevillana es un clima surrealista de nombramientos y de competencias cruzadas que llega a ser hasta esperpéntico. Como ofrecer cargos a profesionales, aceptarlos éstos y dos días después encontrarse con que otro ha sido nombrado en su lugar. Por no hablar de la creación de un nuevo ente, otro, para gestionar Canal Sur en vista de que los socios no se ponen de acuerdo en su 'despolitizacion', o sea en evidente lucha por el control.

El súmmum del desbarajuste parece residir en esa vicepresidencia multifunción que le ha tocado a Juan Marín, el líder andaluz de Ciudadanos, que ha debido diseñar una estructura inferior asimismo compleja, que a ver cómo lidia con tal mole. Siempre auxiliado por su cuñado, Manuel Buzón, secretario de organización de la formación naranja y ahora uno de sus jefes de gabinete in pectore, Marín se ha lucido con la elección del abogado de Guerrero, de El Cuco y destacados narcos para la oficina judicial, de la abogada del 'caso Nevada', brevísima, y otros de menor rango pero que en cada ámbito hacen soltar las lenguas. también pasa, aunque menos, entre los escalones inferiores del PP. Es decir que los protagonistas de la regeneración no parece que estén siendo muy bien escogidos. Los 'headhunters' necesitan mejorar, y eso que los CV han sido visados en Madrid.

La nueva estructura de las competencias autonómicas, que por fin se aprobó la pasada semana, ha sembrado el desconcierto dentro de la propia función pública andaluza, donde incluso se piensa que en algunos extremos puede ser echada para atrás por la Intervención. habrá que verlo. Lo que sí queda claro es que el PP se ha quedado con la parte del león, incluida la administración periférica, y no se sabe si es que Cs no sabía o si se ha dejado. Lo que sí es evidente es que Elías Bendodo opera como un 'superZarrías', con más intervención en los asuntos de las conserjerías del que tuvo el que fuera brazo político de Chaves. Es el que manda, vamos, y su afán controlador le está generando no pocos problemas con el resto.

Con todo, el gran caballo de batalla ha sido los sueldos. Hay quien ha peleado mantener productividad, dietas, horas extras que tenían en sus nóminas, pero resulta que los consejeros no pueden. Está prohibido por ley desde los tiempos de Griñán. Como con los alquileres, cae el mito de los políticos andaluces forrados. Como cae la idea de la 'Junta de enchufados', y eso que el mantenimiento de altos cargos del equipo anterior se ha limitado por la rebelión interna en el PP.