Guerra Fría y Caribe caliente

No debería sorprender que países con fuertes regímenes autoritarios, como es el caso de Rusia y China, se opongan a una 'presión internacional' contra el régimen del dictador Maduro

Guerra Fría y Caribe caliente
JOSÉ IBARROLA
Francisco J. Carrillo
FRANCISCO J. CARRILLOExembajador de la Unesco y vicepresidente de la Academia Europea

Maiquetía es el nombre del aeropuerto de Caracas, a ras del mar Caribe caliente en clave musical. Tras tres intentos de aterrizaje en medio de 'vientos cruzados' se posa en una pista ardiente y el avión se desliza zarandeado sin cesar. Caracas era una escala para encontrar a la ministra Ruth Lerner, de profesión educadora y a la sazón recién elegida en Ginebra presidenta del Consejo de la Oficina Internacional de Educación de la Unesco, cuya coordinación estructural y programática formaba parte de mis funciones como director del Gabinete de Coordinación. La ministra lo era de un gobierno socialdemócrata. Ella estaba obsesionada por la educación y recitaba con frecuencia a grandes escritores como Rómulo Gallego y Uslar Pietri. También le obsesionaba la generalización de la educación musical. Todo ello es fondo de memoria. Mi escala fue breve, ya que el objetivo de mi misión era Santa Fe de Bogotá, la capital de Colombia, cuyo presidente Belisario Betancur había optado por un modelo de 'Escuela Nueva' como instrumento de convertir en universal la enseñanza primaria al tiempo que soplaban aires nacionales de una gran campaña de alfabetización en multitudes de veredas de los Cien años de soledad. Abundante desigualdad regional, pobreza, narcotráfico, guerrillas con fondo de corrupción estructural con sus no menos meritorias excepciones. Ambos países se regían por una democracia formal con pluripartidismo y separación de poderes. Ambos países comparten hechos históricos relacionados con Simón Bolívar quien, a pesar de Chaves y Maduro, es una realidad que agonizó en la ciudad colombiana y caribeña de Santa Marta.

Hoy Venezuela está bajo un régimen autoritario que mantiene un aparente mecanismo de funcionamiento democrático sometido a una estricta vigilancia, control y manejo desde el palacio presidencial. Hace unos días, con la legitimidad parlamentaria (mayoría de oposición) se ha reconocido por numerosos países al autoproclamado presidente interino, Juan Guaidó. El vaso se desbordó. Y, también hace unos días, en el Consejo de Seguridad de la ONU el debate sobre el «régimen» dictatorial que impera en Venezuela se encontró con el veto de Rusia, China y Siria como acólito. El argumento: la «no intervención» en asuntos internos de un Estado miembro y que «la paz y la seguridad internacional» no estaban amenazadas. La Unión Europea ha fijado el plazo de ocho días para que se convoquen elecciones democráticas, lo que ha sido rechazado rotundamente por el dictador Maduro. (Es preciso recordar que durante los mandatos de los presidentes Chaves y Maduro, los Estados Unidos –según fuentes aparentemente fiables– compraban el 30% del petróleo venezolano).

Con los vetos en la ONU, Venezuela se ha convertido en un asunto 'estratégico' propio de la nueva Guerra Fría (como lo fue Cuba con los misiles soviéticos). No debería sorprender que países con fuertes regímenes autoritarios, como es el caso de Rusia y China, se opongan (incluso se es necesario con las armas, de ahí la amenaza propia de la nueva Guerra Fría) a una 'presión internacional' contra el régimen del dictador Maduro, ya que constituiría un precedente en la ONU que podría en el futuro tener a ellos como objetivos, incluidos Turquía y el régimen sirio de El Asad, sostenido por Rusia, que también apoyan al dictador venezolano. Para estos países, todo está permitido en la esfera de las relaciones económicas y financieras (en el caso de Venezuela, el petróleo). Se habló incluso de un proyecto de base militar de Rusia en Venezuela en el marco de la relaciones bilaterales, lo que significaría poner un pie en una región que hasta ahora fue 'área de influencia' de los Estados Unidos. (Véase mi artículo '2019: Tensiones y pasiones', en SUR 05/01/2019). ¿Quién podría controlar el tipo de armamento de esa hipotética base militar con probables misiles apuntando a Estados Unidos? La carrera armamentística ha sido potenciada por Trump, con un nuevo ejército espacial que relanza el programa de la 'guerra de las galaxias' (en el que avanzan también Rusia y China).

E n realidad, ¿cuál es la cuestión de fondo del veto de Rusia y China en la ONU sobre el 'asunto venezolano'? El petróleo, el mercado latinoamericano en donde los chinos están muy presentes, –sin olvidar la compra de parte de la deuda de Venezuela–, así como el desmontaje de las antiguas 'áreas de influencia', es decir, de la influencia de los Estados Unidos, esgrimiendo la globalización y la libertad de mercado. Por ello, la línea roja de Rusia y China se concreta en una estricta política de 'no intervención' exterior en los asuntos políticos de un Estado, quedando excluida toda ética en las relaciones internacionales (abundan los ejemplos con petróleo o sin petróleo). Esta posición también es compartida por la Turquía de Erdogan y por Cuba (es una constante de su política continental, nacida del bloqueo que resultó ineficaz e insostenible). La mayoría de los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos han reconocido al presidente interino.

El trasfondo de guerra comercial globalizada aparece con toda evidencia, modulada según los recursos naturales de los países y según sus posiciones 'estratégicas', que suelen ir unidas. Este panorama es real (miremos al Oriente Medio, al Extremo Oriente y ahora a América Latina y Caribe, a título de ejemplos). El contexto internacional es de nueva e impredecible Guerra Fría, que hoy toca al Caribe caliente.