La guerra civil por otros medios

Reducir la complejidad de las opciones políticas al binomiode derecha e izquierda supone una ficción interesadaque falsea el escenario político

La guerra civil por otros medios
LUIS HARANBURU ALTUNAEscritor

La topografía es una ciencia cuya invención se atribuye a los egipcios y en su virtud la tierra que es redonda es representada como plana. Es una ficción, pero es una ficción útil. Sin embargo, cuando la política se convierte en topografía, la ficción se utiliza para enmascarar la realidad. Reducir la complejidad de las opciones políticas al binomio de derecha e izquierda supone una ficción interesada que falsea el escenario político. A las elecciones concurren, como poco, cinco opciones de ámbito nacional, pero alguien ha decidido que se trata de una elección binaria; se trata de elegir entre la derecha y la izquierda, entre el fascismo y el progreso. La campaña electoral se ha convertido en un remedo del campo batalla.

La redefinición del espacio político en dos bloques antagónicos supone reducir la complejidad social y política de España a un esquema topográfico. Esta reducción de la política a la topografía tiene la indudable ventaja de simplificar los discursos ideológicos, e incluso, de sustituirlos. Ya no es preciso perderse en disquisiciones y argumentaciones, ya que basta con el trazo grueso que lo reduce todo a un esquema tan simple como engañoso. Los matices se pierden, el raciocinio sobra y el discurso político es sustituido por el tuit y la argumentación por emoticonos. Todo es más simple y más sencillo, basta con pertenecer a uno de los dos espacios topográficos

El origen de la topografía política se halla en la asamblea constituyente que se formó en la etapa inmediatamente posterior a la Revolución francesa. Los representantes del pueblo soberano que se sentaban a la derecha de la presidencia era los girondinos y quienes lo hacían a su izquierda eran los jacobinos. Los girondinos eran moderados y preferían una Francia descentralizada, mientras que los jacobinos eran radicales y amantes de una Francia rígidamente centralizada.

La izquierda política siempre se ha considerado heredera de los jacobinos pero, al menos en España, las cosas han cambiado. La izquierda defiende ahora la descentralización y habla de la nación de naciones, mientras la derecha aboga por la recentralización. Los jacobinos pensaban que la revolución debía suprimir no solo la sociedad estamental sino, también, los privilegios de todo tipo que se escondían tras la diversidad regional. Mismos derechos e idénticas obligaciones para todos los ciudadanos, fue la enseña de la izquierda jacobina, que hoy es contestada por sus herederos.

La izquierda española es partidaria, no solo de una descentralización territorial sino que admite, además, una asimetría entre los diversos territorios que conforman España. En este sentido, podría afirmarse que la izquierda española se ha hecho 'filonacionalista' al suscribir parte del discurso nacionalista y dar por buenas algunas de las pretensiones de los nacionalismos vasco y catalán. La inmersión lingüística, por ejemplo, se ha convertido en una reivindicación para la izquierda. Esta posición de la izquierda española contrasta poderosamente con la tradición jacobina y tiene seguramente mucho que ver con la mudanza ideológica operada en su seno.

La mudanza tiene nombre de identidad y es que la izquierda que antes batallaba por la igualdad de todos ha sido seducida por el valor de la diferencia y la defensa de las identidades aún a costa de la igualdad de todos. Los antiguos jacobinos han sido seducidos por movimientos como el feminismo radical, el ecologismo o el animalismo que, siendo todas ellas ideologías de gran mérito, sin embargo, se centran en procurar identidad y visibilidad a determinadas minorías. La igualdad de todos ha decaído frente a la mayor y mejor identidad de algunos.

La invención de la política topográfica favorece la ilusión bélica de la sociedad dividida entre amigos y enemigos, tan propia del populismo y tan apreciada por Carl Schmitt. La lúcida apreciación de Klausewitz que afirmaba que la guerra es la continuación de la política por otros medios, podría hoy reformularse en el sentido de que la política es la continuación de la guerra por otros medios. En esta política -como en la guerra- solo hay dos bandos, el de la derecha y el de la izquierda. Así lo ha visto el antropólogo donostiarra Mikel Azurmendi, quien en una reciente entrevista ha afirmado que la actual situación política española es hoy «una guerra civil por otros medios».

Esperemos que tras las elecciones de este domingo, las trincheras se colmen y el campo de batalla se convierta, de nuevo, en la plaza pública que siempre debió ser.

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