Guárdame el secreto

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Leo estos días que, como consecuencia de una querella interpuesta por la última expresidenta de la Comunidad de Madrid, el juez ha llamado a declarar a los periodistas Escolar y Ejerique, que publicaron las informaciones sobre el ya casi olvidado asunto del máster de la exdirigente del PP. Digo casi olvidado, por no decir completamente olvidado, porque, a la velocidad que se suceden los acontecimientos, tenemos que desaguar de nuestra memoria ingentes cantidades de noticias que, una vez surtido su efecto, no nos sirven para nada, salvo para ocupar espacio en nuestro cerebro. De hecho, es muy probable que, a la vuelta del verano, ya casi nadie se acuerde de quién era Mariano Rajoy.

Se acusa a estos dos periodistas de revelación de secretos, que es una cosa que hace todo el mundo todo el rato, en la vida pública y en la vida privada, sin que nadie nos acuse de nada. Siempre me enternece escuchar decir: «Tengo que contarte algo, pero no se lo digas a nadie». Y es que hay muchísimas personas que piensan que las demás son mejores que ellas mismas, más discretas, más leales, más fuertes. Y eso es una hermosa prueba de humildad, aunque también puede que lo sea de candidez, porque tan malo es no llegar a kantiano como pasarse tres pueblos. Algo te pesa tanto en la conciencia que necesitas compartirlo, y crees que si se lo cuentas a tu hermano, a tu mejor amiga, a un par de guardias civiles de paisano, o al periodista que te está haciendo una entrevista, todos ellos podrán soportar esa información que a ti te aplasta, sin necesidad de compartirla con tu cuñada, la madre de tu amiga, el juez de guardia, o el universo mundo, en el caso del periodista. De hecho, que no me lo tomen a mal los espías profesionales, pero en realidad no hacen falta ni muchos micrófonos, ni muchas cámaras, basta con irte a la cafetería y aguzar el oído, o invitar a un café al desconocido o desconocida del que quieres saber lo que sea: te lo cuenta todo. Aunque yo pagaría el café con tal de que no me contaran nada.

No obstante, en el caso que nos ocupa, la Fiscalía se ha mostrado interesada en las fuentes de información de los dos periodistas. Seguro que la Fiscalía tiene sus sabias razones, pero algo me hace pensar que quienes filtraron el vídeo con el robo de los dos botes de crema no tenían, al menos inicialmente, las mismas intenciones que quienes desvelaron el asunto del máster, aunque finalmente el objetivo de ambos fuera el mismo: la dimisión de la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid. En el caso del máster, quienes filtraron la información trataban de provocar la dimisión de la presidenta por haberse corrompido. En el de las cremas, parece que filtraron el vídeo por la razón contraria, es decir, por no haberse corrompido lo suficiente, por no someterse a un chantaje. Quienes guardaron, primero, y filtraron, después, el vídeo del robo de las cremas lo hicieron para capturar la democracia, no para preservarla. Nuestro sistema judicial no tiene muchos recursos y debería priorizar sus objetivos: ¿quiénes intentaron chantajear a la presidenta?