Grecia y el otoño electoral

Un nuevo fantasma sobrevuela Europa con telón de fondo de Israel, como si se tratase de una escala técnica tras la vuelta al mundo irradiando enfrentamientos ideológicos o guerreros

Las elecciones anticipadas en Grecia debían normalmente haber tenido lugar en octubre. Las políticas de austeridad del Alexis Tsipras, apoyadas por su partido populista Syriza, a pesar de haber logrado mejorar los datos macroeconómicos, no lograron mejorar el poder adquisitivo de 'las clases medias'. Ganó por mayoría absoluta Mitsotakis (ya calificado como el nuevo Macron griego), seguido a 9 puntos por Tsipras, al que 'las clases medias' han castigado. El viejo PASOK socialista, que se presentaba con las siglas KINAL, había anunciado que apoyaría a Nueva Democracia. El pueblo griego, con su voto, ha impedido que el partico neonazi Amanecer Dorado acceda al Parlamento. Es una buena señal. Mientras tanto, China observa, neutral, desde su extenso espacio que gestiona en el puerto del Pireo.

Un nuevo fantasma sobrevuela Europa con telón de fondo de Israel, como si se tratase de una escala técnica tras la vuelta al mundo irradiando enfrentamientos ideológicos o guerreros. Quedan lejos (y fue ayer) los acuerdos y grandes consensos (sorpresa griega: el socialista PASOK prometió apoyo al liberal-conservador Nueva Democracia). Tras la devastación de la II Guerra Mundial, se fundó Europa sobre principios y valores comunes, como ocurrió con la ONU. Por otra parte, parece quedar distante el espíritu de consenso de la Constitución española 1978 que, en realidad, fue un punto de partida y no un punto de llegada cerrado. Los valores democráticos de referencia, que definen el futuro ciudadano, se van difuminando, incluso invirtiéndose. El expresidente polaco, fundador en su día del sindicato Solidaridad, el socialcristiano Lech Walesa, declaraba hace unos días que sería preciso disolver la UE para refundarla al día siguiente pero sin la antieuropea Polonia. Esta refundación excluiría también a otros Estados euroescépticos como Hungría, el Reino Unido y probablemente Italia. Cierto es que en aquellos años de bonanza y acuerdos tras la II Guerra Mundial, la Transición en España, la caída del Muro de Berlín y las descolonizaciones más recientes, no primaba la globalización financiera ni el aquelarre del iliberalismo de los nuevos populismos de izquierdas y derechas. Se han generando progresivamente unos cambios de sociedad y una profunda crisis económica que han roto el Estado de Bienestar al que se había llegado fundamentalmente por pactos de Estado. Han entrado en juego la fragmentación social con el descenso del poder adquisitivo de 'las clases medias' y nuevos actores en la contienda mundial: Los Estados Unidos de Trump, China, Rusia así como potencias ya emergidas: India, Brasil o México, ejemplos no excluyentes, sin olvidar Japón. Emergió la corrupción y la codicia como motivación. Y las 'fake news'.

La fragmentación social llega a tales niveles políticos que genera pactos y alianzas inimaginables hace setenta años que suele cargar el diablo. El canciller austriaco ha disuelto el gobierno y habrá nuevas elecciones en septiembre próximo. (Los tiempos del socialdemócrata Bruno Kreisky cayeron en el olvido). Se dio una ruptura en el gobierno austriaco por un hecho de corrupción del ultraconservador Partido por la Libertad (FPO). Su líder Strache junto a un colaborador, aparecen en un video negociando con una nieta de un oligarca ruso una donación a cambio de 'favores políticos', eludiendo el Tribunal de Cuentas. Strache, desde el gobierno, intentó controlar la libertad de prensa al igual que Orbán en Hungría.

En Israel, Benjamín Netanyahu y su partido Likud fueron los más votados pero lejos de la mayoría absoluta. El mapa político allí es muy complejo y fraccionado en pequeñas formaciones políticas. Netanyahu intentó alcanzar mediante pactos una mayoría conservadora en donde incluía a los ultraortodoxos religiosos así como al partido de 'judíos rusos' llamado 'Israel Nuestro Hogar', liderado por el exministro de Defensa (de Netanyahu) Avigdor Lieberman. Netanyahu no logró los pactos para la mayoría porque no aceptó la aprobación de un proyecto de ley de Lieberman que obligaba a los judíos ultraortodoxos religiosos a hacer el servicio militar. La Kneset (el Parlamento) decidió por 74 votos a favor y 45 en contra, convocar nuevas elecciones el 17 de septiembre. Parece que otoño es propicio para nuevas elecciones... Es la primera vez en 71 años que se repitenlegislativas en Israel. Hay un telón de fondo que no influyó demasiado en las anteriores elecciones, aunque es probable fuera la razón para que Netanyahu no obtuviera la mayoría absoluta: pesan sobre él tres imputaciones por presunta corrupción que no prosperarían hasta que deje de ser primer ministro, incluso en funciones. No bastó a Netanyahu la aprobación por la Kneset el 19 de julio 2018 de una ley nacionalpopulista redefiniendo a Israel como 'Hogar nacional del pueblo judío', el único con derecho a la autodeterminación. Esta ley apoya per se a las 'colonias' judías establecidas en territorios palestinos, al tiempo que limita los derechos del 20% de la población árabe que vive en Israel. A ello hay que añadir el apoyo sostenido y manifiesto de Trump a Netanyahu (que poco le valió para las elecciones, a pesar, también, de los objetivos comunes de Trump, Netanyahu y Arabia Saudí contra Irán), con un plan USA secreto para los palestinos que se basa fundamentalmente en 'dinero por territorios'. Este plan excluiría la creación de un Estado Palestino, consagraría a Jerusalén como la capital de Israel y reservaría para los territorios palestinos una gestión administrativa bajo el control del Tzáhal (Ejército israelí). Plan rechazado por los palestinos y por parte de la opinión pública árabe e israelí partidaria de dos Estados. Lo consideran de guerra y no de paz. Los entretelones de los conflictos en el Oriente Medio serán determinantes en las próximas legislativas de septiembre en Israel sin apenas peso europeo, ¿quizás con España e Italia convocadas a las urnas?