El gran problema
La movilidad en Málaga no puede seguir siendo un asunto pendiente. Y, aunque parezca que la ciudad ha aprendido a convivir con los atascos, la ... realidad es que lo que ocurre cada mañana en la zona oriental es un problema de primera magnitud que condiciona la vida de decenas de miles de personas. Entrar a Málaga a primera hora se ha convertido en una carrera de obstáculos diaria que desgasta, frustra y limita el desarrollo natural de la ciudad. No es un capricho: es una urgencia. Mientras Málaga crece, se transforma y se proyecta al mundo, sus accesos siguen anclados en un pasado que ya no responde al volumen real de desplazamientos. No se puede pedir a los malagueños que acepten como normal perder cada día tiempo de vida en un atasco que podría evitarse con una planificación seria y decisiones valientes. Y menos aún cuando esas decisiones dependen de un Gobierno central que conoce perfectamente la situación... pero que actúa como si no fuera con él. Pretender impulsar un área metropolitana sólida, capaz de descargar a la capital y repartir de forma natural población, actividad económica y demanda de vivienda, es directamente imposible si antes no se resuelve el cuello de botella que estrangula la movilidad diaria. ¿Cómo se va a convencer a nadie de vivir o establecerse en municipios cercanos si cada mañana debe asumir un viaje tan incierto como exasperante? Sin accesos fluidos, no hay área metropolitana que funcione, ni equilibrio territorial posible.
Lo más preocupante es que este problema -que afecta a ciudadanos de a pie, sin banderas políticas ni intereses cruzados- no recibe ni de lejos la atención social que sí generan otros asuntos similares cuando son responsabilidad de otras administraciones de diferente color político. Esa doble vara de medir es, en sí misma, una falta de respeto hacia quienes solo quieren una vida más ordenada, más tranquila y más justa. Los malagueños no piden imposibles: exigen ser tratados con la seriedad que merecen. Málaga ha demostrado que sabe crecer, innovar y liderar proyectos, pero su avance quedará cojo si no se afronta de una vez por todas un problema presente que amenaza su futuro. Las administraciones (especialmente el Gobierno central) no pueden seguir mirando hacia otro lado. Málaga necesita soluciones, y las necesita ya.
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