Goteras hasta la tumba

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Ha vuelto a pasar. Ya ni sorprende, esta ciudad indolente siempre ha sido, es y será madrastra de lo suyo. De los suyos. Por más que se repita la misma historia no deja de ser indignante, aunque con estas cosas pasa como con las vacunas: pequeñas dosis de veneno llegan a inmunizar. Y eso es lo peor, cuando empieza a resbalar lo que a nadie debería dejar impasible. Por eso es bueno que haya nuevas miradas y puntos de vista en la cosa pública. Es lo que le ha ocurrido estos días a los concejales de Ciudadanos, que -todavía- se llevan las manos a la cabeza cuando descubren la dejadez y la desidia habituales, que a la mayoría no les causa gran impresión.

Esta vez le ha tocado a la cripta que guarda el panteón de los condes de Buenavista. Un auténtico monumento a la muerte de finales del siglo XVII, con su profusión barroca, tan bello como desconocido. Se encuentra bajo el santuario de Santa María de la Victoria, patrona de la ciudad, y en el barrio del mismo nombre. Pues bien, el conjunto está asediado por las humedades, con sus calaveras y esqueletos en relieve dañados. Lo han denunciado los concejales de Cs, que piden, con razón, la restauración y puesta en valor del conjunto monumental victoriano, más allá de los días de boda.

Nos falta imaginación en esta ciudad que ha descubierto, tarde pero con ganas, el maná del turismo. El ocio relacionado con la muerte está de moda en todo el mundo. Visitamos cementerios célebres en París y en Praga, catacumbas en Roma, rutas nocturnas en Londres y Edimburgo. Y aquí tenemos magníficos ejemplos de arte funerario, empezando por este mismo, para continuar por el cercano camposanto de San Miguel y, por supuesto, el Inglés. Casi nadie los conoce, ni propios ni extraños. Visitar la cripta es un dilema, con un horario restringido y cerrado los fines de semana. Y lo que no se conoce no se puede querer ni respetar. Alguna vez los he recomendado a amigos foráneos y han alucinado. En las guías municipales hay que buscarlos con lupa, a pesar de que este y otros itinerarios permitirían descargar el Centro Histórico, que está a punto de morir de éxito. Nunca mejor dicho.

Para restaurar los monumentos y potenciar alternativas casi nunca hay un euro, pero la cultura oficial sí está bien nutrida, con su profusión de museos franquicia que cuestan millones al año y donde cuentan hasta las palomas para engordar las pírricas cifras de visitantes. Aquí todo lo que venga de fuera será siempre mejor, aunque objetivamente no lo sea. Por debajo de esa Málaga oficial, las goteras nos llegan hasta la tumba.

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