Gaza, cuatro meses para sobrevivir

Vivir en La Franja es vivir a salto de mata. Nunca sabes si vas a tener luz para realizar una operación, para iluminar tu casa, para que las depuradoras de agua funcionen. Nunca sabes nada

MERCÈ RIVAS TORRES

Para aquellos lectores no familiarizados con el tema les podría facilitar una definición encontrada en internet: «La Franja de Gaza es un territorio de 360 km², donde viven actualmente dos millones de seres humanos. Gaza acogió gran parte de la población refugiada palestina expulsada de sus tierras desde mayo de 1948». Pues bien estos dos millones de personas viven encarceladas, ya que Israel decidió clausurar sus puertas en 2007. Sólo entran los alimentos que el Gobierno israelí permite, puesto que controla todo lo que se introduce en La Franja. Todo escasea: medicinas, alimentos, material hospitalario, electricidad.

Vivir en Gaza es vivir a salto de mata. Nunca sabes si vas a tener luz para realizar una operación, para iluminar tu casa, para que las depuradoras de agua funcionen. Nunca sabes nada. Nada se puede planificar. Más de la mitad de la población está en paro. Eso supone que gran parte de la ciudadanía vive de la ayuda humanitaria que proporciona Naciones Unidas, la misma que ha afirmado reiteradamente que a partir de 2020, o sea el año próximo, será imposible vivir en Gaza.

Y ante esta situación, ¿qué piensan hacer los países democráticos o los países árabes, que tan unidos dicen estar del pueblo palestino? Sólo quedan cuatro meses y nadie hace nada. «Gaza vive una espectacular crisis de salud mental sin precedentes. Una crisis a la que se ha denominado 'la herida de bala invisible' y que ha sido exacerbada por el aumento de la violencia en el último año y por los recortes de fondos para programas vitales de apoyo psicosocial», denuncia Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA) y añade: «Este ha sido uno de los recortes más dramáticos que hemos tenido que afrontar este año desde UNRWA: hemos reducido nuestros programas de ayuda psicológica para poder mantener nuestras escuelas y nuestras clínicas abiertas, así como la ayuda alimentaria básica que ofrecemos a más de un millón de personas en Gaza».

El bloqueo absoluto de dos millones de personas no sólo repercute en el paro y en la economía, sino en la salud mental de los ciudadanos y especialmente de los niños. El ruido de aviones que bombardean la casa del vecino, drones que espían incluso en plena noche hacen que el ambiente sea irrespirable en las casas o la calle.

El bloqueo material se une al bloqueo mental. A no tener expectativas de futuro, proyectos, saber que va a ser de ti la semana próxima, puede llevar a la locura. Nadie sabe nada. Ni los ancianos, ni los padres, ni los hijos. La desesperación de las pequeñas cosas ha llegado para instalarse.

¿De qué sirve estudiar en la Universidad si no hay trabajo ni posibilidades de salir de la Franja? Pero también les diría que a estas alturas del artículo me pregunto para qué sirve denunciar una y otra vez la situación en Gaza si nadie escucha, si ningún país exige de forma clara el fin del bloqueo.

Naciones Unidas insiste. La vida no será posible en Gaza a partir de 2020 y nadie hace nada. Faltan sólo unos meses y ¿qué pasará el 1 de enero del 2020? ¿Qué hará Hamas que gobierna Gaza o Mahmud Abbas, en Cisjordania? Pues tampoco se sabe. Hamas resiste y Abbas, que tiene más capacidad de tomar contacto con otros Estados y más libertad de movimientos, no sabemos muy bien qué consigue. ¿Qué hará Europa y, lo más importante, qué hará el Gobierno israelí siempre apoyado por Estados Unidos?

Los gazatíes quieren poder salir de la franja para trabajar, para ser atendidos en hospitales, para ver a sus familias separadas en la zona del West Bank o Cisjordania. En dicha zona no tienen bloqueo pero sí acoso, intimidación e invasión.

Cada vez que intento mirar un mapa de Cisjordania veo el acoso a que están sometidos por colonos y militares de Israel. Poco a poco se van haciendo con el territorio. ¿Hasta cuándo? Seguramente hasta que tengan sometidos hasta el último palestino de la tierra. Quieren acabar con ellos y si la política mundial no cambia, lo conseguirán. La población palestina suma ya 11,22 millones de personas dispersas por el mundo y 4,23 millones viven en los Territorios Ocupados.

Por si esto fuera poco cualquier niño o niña palestino de más de 12 años puede ser llevado a tribunales militares, enjuiciado, sentenciado y tendría que cumplir la condena. Y así se hace con aquellos que salen a protestar por su ahogo y desesperación. «En Gaza la vida es muy parecida a la muerte, por eso muchos no temen perderla. No hay futuro», afirma el columnista palestino Hakram Assa.