Los gases de efecto invernadero en Málaga

Los principales responsables de las emisiones de GEI en Málaga son, por orden de importancia, los asociados a la industria, puerto y aeropuerto y agricultura, seguidos del transporte privado y comercial, que son en conjunto los responsables del 77% de estas emisiones

MARIANO SIDRACH DE CARDONA ORTÍNVICEPRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN RENOVABLES Y CATEDRÁTICO DE LA UMA

El Ayuntamiento de Málaga, a través del OMAU, acaba de presentar el informe 'Alicia, Plan del Clima 2050. Consumo energético y emisiones de C02 en Málaga

2002-2017', que contiene un estudio comparativo de la evolución del consumo energético y de las emisiones en Málaga durante los últimos años. La metodología usada para el cálculo de las emisiones de gases de efecto invernadero (en delante GEI) se basa en la asignación de un factor de emisiones a la cantidad de energía consumida para cada una de las fuentes energéticas y el resultado, a efectos comparativos, se expresa en toneladas de C02 equivalentes. Se utiliza la metodología PACES, conforme a las directrices de la oficina europea del Pacto de Alcaldes. Es por tanto, en realidad, una estimación de los consumos energéticos desagregados por fuentes de energía y usos. Estos estudios son necesarios y útiles si queremos avanzar en la necesaria descarbonización de nuestras ciudades, a la vez que cumplir con los objetivos de reducciones de emisiones a los que se ha comprometido la ciudad para 2020, 2030 y 2050.

Del informe, y de la interpretación que se hace de los datos, se pueden sacar interesantes conclusiones. La primero es que la metodología incluye todas las fuentes de energía, incluido el consumo de electricidad. Éste debe estar en el cómputo del consumo total de energía de la ciudad, pero no debería estar en el de las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que estas no se producen en la ciudad y su valor depende sólo de la composición del mix eléctrico y de su evolución. Ocurre, por tanto, que mientras que la composición del mix contiene cada vez más energías renovables bajan las emisiones de GEI en Málaga, sin que esto suponga ninguna mejora de la calidad del aire local. Así, como ejemplo y cito textualmente del informe, en el sector residencial «El consumo eléctrico en 2017 se ha reducido en un 5% respecto al año 2008, mientras que las emisiones de C02 se han reducido en un 21 %». Es de desear que toda la electricidad sea renovable, pero esto no va a ayudar a mejorar las emisiones de GEI que se producen en la ciudad, ni tiene relación con las necesarias iniciativas municipales en esta materia.

Si analizamos los datos, podemos ver que, a pesar de esta forma de calcular las emisiones de GEI, las emisiones totales están exactamente al mismo nivel que en 2002 y su evolución refleja una correlación directa con el consumo de energía y por tanto con la situación económica. El consumo de energía actual (2017) quitando la electricidad, es sólo un 4 % superior que en 2002 y actualmente se mantiene prácticamente constante en los tres últimos años, mientras que las emisiones de GEI son prácticamente las mismas. El efecto de que la energía global consumida crezca un 10 % y en cambio las emisiones de GEI se mantengan igual sólo cabe atribuirlo a la disminución de emisiones debidas a la producción de electricidad, que como hemos indicado son emisiones que no se producen en la ciudad, y a la mejora de la eficiencia energética de los sistemas de conversión de energía.

Los datos ponen de manifiesto la alta dependencia de los combustibles fósiles, cuyo consumo actual representa el 78 % del consumo energético total de la ciudad. Un valor que se mantiene prácticamente constante en los últimos años, y nos dicen también que el consumo de electricidad supone algo mas del 10% del consumo total de energía, muchos puntos por debajo de otras ciudades españolas.

El transporte público es responsable sólo de menos del 1% de todas las emisiones de GEI, a pesar de que la práctica totalidad de la flota municipal de autobuses utiliza combustibles fósiles. Este dato, está de acuerdo con los datos publicados recientemente por el IDAE y que señalan a Málaga como una de las ciudades españolas donde menos se usa el transporte público (7,0%) frente a ciudades como Madrid y Barcelona con más del 30%. Incrementar el uso del transporte público eléctrico en la ciudad debe ser prioritario. Un dato que llama la atención es el alto consumo energético de lo que se agrupa bajo la denominación «Otras fuentes de emisión» y que incluye, industria, agricultura, puerto y aeropuerto, que contribuyen con un 44% a las emisiones de GEI. Consumos que, por otro lado, parece que se mantienen constantes en los últimos años; datos bastante incompatibles con el aumento de vuelos que registra el aeropuerto y el incremento de cruceros.

Si tenemos en cuenta que el sector residencial y terciario está fuertemente electrificado, los principales responsables de las emisiones de GEI en Málaga son, por orden de importancia, los asociados a la industria, puerto y aeropuerto y agricultura, seguidos del transporte privado y comercial, que son en conjunto los responsables del 77% de estas emisiones.

En resumen, el camino que muchas ciudades europeas, y algunas españolas, han comenzado para descarbonizar las ciudades, reducir las emisiones de gases de efecto invernado y por tanto, mejorar la calidad del aire que respiramos, aún no ha comenzado en Málaga.

Este estudio pone de manifiesto, además, que independientemente de cómo se contabilicen las emisiones de GEI, estamos muy lejos de cumplir con nuestros compromisos de reducción y de conseguir una ciudad neutra en carbono para el 2050. La calidad del aire que respiramos sigue empeorando y no se emprenden iniciativas valientes y decididas para revertir esta situación. Entre otras cosas, porque no se informa de manera objetiva a los ciudadanos sobre la calidad del aire. Respirar aire limpio es un derecho que las autoridades municipales deben garantizar y priorizar por encima de otras consideraciones. Ahora que ha tomado posesión la nueva corporación, deberíamos empezar a trazar una hoja de ruta que permita reducir las emisiones de GEI en los próximos años y esto pasa, necesariamente, por disminuir el consumo de combustibles fósiles y, no nos engañemos, reducir el uso del vehículo privado. Se trata de una labor compleja y que abarca todos los ámbitos, toda vez que en el consumo de energía todos estamos implicados. A su vez, es una tarea urgente, ya que no debemos olvidar que las emisiones de GEI son la principal causa del cambio climático y que las ciudades deben estar comprometidas con su rápida disminución.