Gabriel 'eterno' Colmenero

Como diría Machado, lleva el que ha vivido

JESÚS NIETO JURADO

Muchos años después, frente al pelotón de lo rutinario, Jesús Nieto Jurado habría de recordar el día en que Gabriel Afonso Colmenero lo llevó a conocer la nieve. Era febrero y fuimos a Granada con Sabina en los primeros CD's. Porque el tito Gabi me hizo escritor. Y yo lo recuerdo ahora que se me ha muerto el tito Gabriel con esa cosa de precipicio que tiene el despedir a alguien antes de tiempo. Sé que le ha dado tiempo a ser abuelo y que, como diría Machado, lleva el que ha vivido. Y Gabriel ha vivido desde esa infancia en Orense a una Málaga que lo volvió el más malagueño de todos los malagueños.

Su sonrisa era contagiosa, en el tajo, en el bar, en el encuentro casual y en esas noches en su patio. Digamos que entre las nieblas, su legado fue el de enseñarnos a vivir con plenitud; y eso sí que es sabiduría de la buena.

Gabriel es -nadie jamás se va del todo- mi padrino, mi tío, el hermano mayor de mi hermano y todo a la vez. Me descubrió a Sabina pero me descubrió este oficio de la literatura una noche de septiembre que nos llevó a la Feria de Torremolinos y, en un directo, ya fiché por Onda Litoral. Corría el año 98 y no éramos -o sí- los de entonces.

Gabriel era -y será- la luz en ese Pedregalejo que aún no había descubierto el mar. Le ponía acento galaico/perchelero a los días más grises. Su mano era noble, dura, callosa y cálida. Sabe Dios que por década y pico no formamos tándem. Y yo lo hubiera agradecido por cuanto a mí, como a Valle, nos falló la época.

Yo sé que a la familia uno la elige y en la que uno es elegido. Y yo adelantaba los deberes del domingo para ir con mi Sergio y con mi Gabi a 'Terrazos Campanillas' y a volver en un coche donde nunca se puso el sol.

Yo sé que extrañaré ese vinillo de Orense a la solana malagueña. Esas tardes en el Bianco que luego fue Manhattan. Esa tarde en que el Málaga le ganó al Sporting y volvimos por la autovía hablándole a Catanha en portugués y de coche a coche. Yo sé que con Gabriel se me ha ido mi segundo padre, y las cosas de la política me han encontrado, cuando su muerte, en un mitin de precampaña en el cojón del pato de Castilla-La Mancha.

Ahora su cuadrilla se queda huérfana. Sergio sin un padre siendo padre; acaso la vida, que es tan hija de puta, tiene el detalle de hacer padre al huérfano. Yo no sé donde estará ahora la Honda de Gabi, pero la siento como una nevera abierta en mitad del pecho.

Se me caerá el alma a los tenis cuando vuelva por calle Valera. Cuando haga running y vaya a por el Aquarius por los callejeos percheleros.