Fugitivo del arte

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Ando conmovido aún por el grito desgarrador, como el alarido de un animal salvaje y herido, lanzado en las redes sociales por Pablo Gómez Arjona, un cantante bregado en estas lides que sigue intentando hacerse un hueco en el desolador panorama de la música y se ha topado con la desidia del público, el de su ciudad. Durante dos días había masticado la frustración de la soledad tras el concierto en familia, literal, en La Cochera Cabaret, un local donde el arte encuentra refugio y el mecenazgo un punto de encuentro. Apenas cuatro decenas de melancólicos asistimos a un recital que aún resuena en mis oídos por el espectáculo ofrecido en un sábado noche como los de antes. De otra generación, vaya. Gatoperro -otro animal en esta fauna musical que se sube al escenario y encandila con su voz y sus mensajes- había deleitado primero y luego Pablo cerró la actuación. Para el recuerdo quedará el fin de fiesta con este malagueño cantando a capela, con la guitarra de fiel compañera y despojado del sombrero que le caracteriza, rodeado de sus incondicionales a pie de pista, que le acompañaban en un estribillo pegadizo y jibarizado por la emoción de ese instante único. He de reconocer que nunca asistí a un concierto con tan poca gente, de ahí que entienda el sentimiento de Pablo, otro músico más que se da de bruces con la realidad. Acaba de sacar disco, 'Voy solo' -¿título premonitorio o cruel?-, quiere hacer carrera en solitario después de empezar con su banda Los Fugitivos del Swing y está de gira por esos mundos de Dios, pero apenas esboza una media sonrisa cuando se le inquiere por la repercusión de la misma. Le conocí en calle Álamos en esos miércoles místicos de cantautor y poesía en un Gloria Bendita para el recuerdo, hoy La Chatarrería (ahuyento desde ya los malos presagios), cuando andaba ensimismado en la ilusión de su nueva criatura artística, hasta grabó un videoclip en Lagunillas. Volví a saber de él un domingo de cine en el Teatro Cervantes y música en directo en la Sala Premier, mezclando temas propios y sonidos ajenos. Y este lunes explotó en Instagram dando rienda suelta a su tristeza, infinita a tenor de sus palabras nada comedidas. Incomprensión también se denomina. ¡Qué pena da su rabia por no haber llenado el recinto de sus sueños! Les invito a acompañar a este malagueño en su travesía escuchando algunas de sus letras («no rima corazón con soledad» tarareamos todos sin cesar) masculladas con esa voz inconfundible, porque este hombre que se hace llamar Pablo Fugitivo entre bambalinas será, si nadie lo remedia pronto, un fugitivo del arte.