Carta del director

FRIVOLIDAD FRENTE A CONSISTENCIA

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Cuando las cosas se improvisan o se realizan buscando golpes de efecto, generalmente a corto plazo, pasa lo que pasa. Lo que le pasó al exministro Màxim Huerta, que tuvo que salir por la puerta de atrás días después de haber prometido el cargo por haber utilizado una sociedad para defraudar a Hacienda un total de 256.778 euros entre 2006 y 2008. Nadie debería extrañarse, porque la mayoría de los tertulianos televisivos de Madrid de aquellos años fueron inspeccionados y muchos condenados a pagar cuantiosas sumas de dinero. Era una práctica habitual y consentida que el Gobierno del PP desmontó en una especie de ajuste de cuentas de esos que tanto le gustaban al exministro Montoro. Bastaba sentarse un minuto para darse cuenta de la falta de solidez de Huerta para el cargo. Sólo era preciso asomarse por su Twitter para saber lo que podía ocurrir.

Y este hecho, y los que están por llegar, me hizo pensar en el riesgo de la frivolidad en política. Fue el Gobierno de Zapatero el que la puso en práctica con mayor afán y con casos estrambóticos como el nombramiento de Bibiana Aido como ministra de Igualdad. Al margen de decisiones económicas cara a la galería que costaron muchos millones al erario público.

Parece que la solvencia, la experiencia y, por tanto, la consistencia está mal vista en política, donde se busca deslumbrar a primera vista, sin dar la más mínima importancia a si hay algo más detrás. Se puede viajar por el espacio, pero ello no garantiza que se pueda, o sepa, gestionar e impulsar un nuevo modelo de ciencia, investigación y Universidad en este país. Ojalá que Pedro Duque lo consiga.

Conversando con el mayor de los hermanos Roca, Joan, comprendí lo que era la consistencia de un proyecto y por qué su restaurante, 'El Celler de Can Roca', ha sido considerado el mejor del mundo. No es casualidad. Se trata de una impresionante combinación de dedicación, formación, pasión y disciplina, enfocado absolutamente a un único proyecto: dar bien de comer. Son los mejores del mundo, pero Joan, Jordi y Josep siguen viviendo en el barrio que les vio crecer, Taialà, y siguen trabajando a diario más de 12 horas en el restaurante, sin distracciones, sin golpes de efecto, sin el menor interés en sacar tajada. Además, Josep está considerado uno de los mejores sumillers del mundo y Jordi, el mejor pastelero. Trabajo en equipo, excelencia y preparación.

Qué quieren que les diga. Prefiero un Gobierno construido y que trabaje sobre estas premisas y no sobre la permanente improvisación. Ahora y antes. Pero sé que es imposible. La política, aunque sea triste decirlo, es hoy un local de comida rápida, hipercalórica; a veces basura; donde hay días que huele a fritanga y donde la salsa lo inunda todo para disimular bien los malos sabores. Y también los valores y los principios.

Mientras no se anteponga la excelencia, la formación y la experiencia a los destellos de decisiones ingeniosas siempre estaremos pendientes de un hilo, con el riesgo de ardores por una mala digestión.

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