Frías

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Cuando José Antonio Frías dejó el periódico, allá por 2012, recibió una cariñosa despedida por parte de los compañeros de su redacción y del resto del diario. Allí, en el Hotel Málaga Palacio, recibió muchos gestos de admiración y reconocimiento y un regalo muy especial para él: un magnífico cuadro de Chema Lumbreras que durante años colgó de una de las paredes de su despacho, justo enfrente de su mesa de trabajo. Lleva por título 'El equilibrista' y Frías realizó una disertación sobre los paralelismos de aquel cuadro, su carrera profesional y el periodismo. Efectivamente, un complejo juego de equilibrios de fuerzas, de ideas, de pasiones. Y al mismo tiempo de determinación, decisión, firmeza y seguridad para caminar sobre el alambre. El pasado martes, cuando la Asociación de la Prensa de Málaga le homenajeó con la medalla de oro, recordé aquel cuadro y aquellas palabras y pensé cómo la vida le ha situado, a él y a su familia, en el más difícil todavía. Y tengo el convencimiento de que él y los suyos caminarán con la misma fortaleza para plantarle cara al ictus.

Sus hijos hablaron en el homenaje. Y hablaron muy bien. Y dijeron cómo Frías les ha enseñado, y lo sigue haciendo, que en la vida siempre hay que decir la verdad, sin miedos y con honestidad, trabajar en equipo, siendo positivos y optimistas, y hacerlo con humor. Aquellos hermanos, Alejandro y Álvaro, hablaron juntos, porque así es como entienden la vida: juntos, apoyándose uno en otro. Y pensé que aquel equilibrista, aquella esfera y el funambulista que pintó Lumbreras y que tanto inspiraron a Frías, sus palabras y las enseñanzas a sus hijos venían a compilar, como un perfecto y preciso manual de instrucciones, la cultura periodística que él inculcó en SUR y que aún perdura y se destila por los teclados de tantos periodistas que crecieron bajo su amparo y dirección.

Frías, además, fue un personaje clave en una época crucial de Málaga y se puso al frente de una idea esencial: la dignidad de Málaga. SUR, con él, se consolidó como un referente regional, como la palanca firme sobre la que los malagueños pueden siempre apoyarse para defender sus intereses y convertir en realidad lo que puede parecer una quimera. No exagero cuando afirmo que mucho tuvo que ver Frías, por ejemplo, en la llegada del AVE a Málaga.

SUR no se puede entender sin Frías y hoy, como en el caso de Joaquín Marín, lo consideramos nuestro director, firme como las piedras que ama, meticuloso, hacedor hasta la extenuación de titulares con el verbo exacto y preciso, infatigable, leal como los centenarios olivos de Mondrón y honesto como la tierra del campo que no entiende de lisonjas ni adulaciones, ni de glorias ni honores; sólo de trabajo.

Sé que el otro día, con el reconocimiento sincero de sus colegas, la vida se le abrió de par en par y el corazón le estalló en el pecho por tanto aprecio. Ahora, querido director, todos caminaremos juntos por ese alambre que te toca cruzar, como uno solo, con el espíritu de equipo que has sabido inculcar a tus hijos y a toda tu redacción de SUR.

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