FRENESÍ DE LEYES

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Si la legislatura se agota como dice la presidenta, cuando toque, estamos justo a un año de la posible franja de días de las elecciones autonómicas. Un año en el calendario del Parlamento es mucho menos, porque hay que descontar el mes de vacaciones en agosto y los 55 días entre la disolución de la Cámara y la apertura de las urnas. Los grupos ya han hecho el cálculo: Para que una ley salga adelante esta legislatura debe entrar antes de final de marzo en las Cinco Llagas. Y luego echar a correr, porque si no, decaerá con las elecciones. Hay leyes en trámite desde 2016 sin aprobar. Así que desde que se reanudó la actividad este mes hasta Semana Santa hay frenesí de leyes por la vía rápida.

Y en este frenesí cabe de todo. Este pasado miércoles, por ejemplo, asistimos a la admisión a trámite de la ley de Bioclimatización de centros educativos presentada por Podemos y que plantea un calendario de inversiones de unos 60 millones de euros anuales. Entró a debate porque fue apoyada por PP y Ciudadanos, además de IU. Esta vez Teresa Rodríguez salió en las redes sociales más contenta que la semana anterior, cuando Cs se abstuvo y el PSOE votó en contra impidiendo que saliera adelante su norma para obligar a los bancos a informar de quien es el verdadero acreedor de las hipotecas.

El PSOE votó en contra también este miércoles, solo que le ha fallado Ciudadanos, su aliado coyuntural. El PSOE volvió a pinchar al intentar convencer a Podemos de que su idea tiene encaje en otras del Gobierno andaluz e incluso le ofreció darle cabida en los decretos de desarrollo de sus leyes. No coló. Podemos ha seguido fiel a una estrategia desde el principio de que se pueden hacer leyes desde la oposición y ahí sigue como martillo pilón llueve o escampe. Habida cuenta que solo cuenta con 15 diputados frente a los 55 de la mayoría absoluta, su empecinamiento tiene mérito.

El mundo de las leyes es un crisol de intercambios y baile de intereses en Andalucía

Aunque hay mucho desbarajuste en el grupo parlamentario podemita y cada uno parece ir a su bola, lo cierto es que en esta línea ha logrado cierta cohesión y, sobre todo, acaparar la iniciativa política en numerosos asuntos de gran preocupación ciudadana. Su gran presencia en las redes sociales le ha servido para sacar rédito incluso de la frustración porque el PSOE, principal rival, le voltee las leyes.

Una hiperactividad política que ha hecho reflexionar al PSOE, que probó de nuevo el cáliz de la soledad parlamentaria en la votación del miércoles. Con esta ley, lo mismo que le pasó con la de Senderos, también admitida a trámite con el respaldo en bloque de la oposición, el grupo socialista tendrá que bajarse a negociar con Podemos.

En realidad ya lo hace, solo que parece que no quiere que se le note, o se le note solo con quien quiere. Por segunda vez el PSOE tiende la mano al diputado más hormiguita del Parlamento, David Moscoso, quien no pierde la fe de llegar a un acuerdo con los socialistas para sacar adelante su ley de Caminos, una norma que ponga veto a la usurpación de estos espacios públicos por urbanizaciones ilegales y vallas de fincas rústicas. El consejero de Medio Ambiente, José Fiscal, y Moscoso ya tuvieron una reunión a finales de enero y siguen adelante los trabajos conjuntos. Es decir, pese a la antipatía que Susana Díaz y Teresa Rodríguez se demuestran en sus quincenales careos, sí hay algunos puntos de contacto entre PSOE y Podemos. También sorprendió esta semana la sintonía de Díaz con Maíllo sobre las plataformas digitales de los sectores turísticos, cuando sus rifirrafes han sido siempre de una gran dureza.

Gestos que dan la impresión de una respuesta de Díaz a la equidistancia a modo de baile de la yenka de Ciudadanos con el partido de Gobierno: Un pasito contigo, otro sin ti, como con la ley de Bioclimatización. Y es que el partido naranja está muy nervioso en Andalucía por las expectativas electorales al alza a sabiendas de que la primera prueba del algodón de esas ilusiones serán las andaluzas. También su portavoz, Juan Marín, ha depositado en el frenesí legislativo la continuidad del oxígeno que hasta ahora ha dado a la presidenta. Exige que de aquí a marzo se presenten o saquen adelante varias leyes del pacto de investidura. Hay compromiso del PSOE de algunas, como la de Formación Profesional, Emprendimiento y Agricultura, pero no todas. Ahora bien, el PSOE tiene especial empeño en la ley de sostenibilidad de la sanidad pública, con la que no comulgan ni PP ni Cs. A ver cómo se la ingenia para lograr el respaldo de Podemos para su aprobación.

Y es que la vida parlamentaria en Andalucía es un crisol de intercambios y un baile de intereses donde la línea ideológica queda muchas veces desdibujada. Por ejemplo, ante la negativa del PSOE y PP de sacar adelante una ley electoral con cambios de diputados en las circunscripciones, Podemos ha retado a Cs a reproducir en Andalucía las conversaciones de Iglesias y Ribera para que aumente la representatividad de los partidos minoritarios en donde más votos cosechan, Sevilla y Málaga. No van a ningún lado porque no suman.

Hay también lo contrario al frenesí, que es lo que le ha pasado al PP, con tanto impulso legislativo al comienzo como Podemos. Incluso se le vino cuesta arriba una reforma de ley presentada en 2016 para la limitación a ocho años del mandato de los presidentes de la Junta. Esta propuesta fue admitida con el voto de los cinco grupos, pero el Consultivo dictaminó en junio que es inconstitucional. Un alivio para el PP que se vio en una situación comprometida, ya que su partido es contrario a que el Congreso apruebe una similar que incomodaría a Rajoy. De hecho, PP y PSOE impidieron el pasado 1 de febrero una norma igual a propuesta de Cs en la Asamblea de Madrid. Lo dicho, el mundo de las leyes es un crisol de intereses.

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